Manejo de rabietas en los niños

En el entorno del desarrollo infantil los niños recurren a una expresión muy característica son las llamadas rabietas que van desde simples quejidos, llanto hasta gritos, patadas, golpes y chillidos. Esto suele ocurrir entre el primer año y los tres años y son más frecuentes en los niños. Mientras algunos de los niños la rabieta es algo pasajero en otros puede ser constante. Y son usadas por ellos para demostrar su frustración o malestar.

Ahora bien, la pregunta que nos debemos hacer es por qué tienen rabietas los niños? Son varias las causas, por ejemplo, que se encuentren hambrientos, cansados o incómodos por algo o cuando no pueden obtener algo ya sea la atención de uno de los padres o un objeto que quieren. Sin embargo, es necesario que ellos aprendan a afrontar la frustración que será una habilidad que deberán ir desarrollando paulatinamente.

Aprende a distinguir entre los caprichos y las rabietas de tus niños

Durante el crecimiento del niño, este tiene muchas etapas. Una de ellas es la de caprichos y rabietas, es normal y si el niño se encuentra en esta etapa, la etapa está empezando. Por lo general se da entre el primer año hasta los cuatro, lo que no es normal es que después de los 4 años el niño siga con caprichos, si a los cinco o seis años el niño aún presenta caprichos es un signo que algo va mal en su desarrollo emocional.

rabietas en niños

Hay que distinguir entre caprichos y rabietas, es decir cuando un niño empieza a llorar y para hasta que lo consigue, pues es síntoma de capricho. Una rabieta o berrinche es un ataque de locura o descontrol, pero sin intención, lo contrario de un capricho que el ataque es intencionado para obtener algo.

En la rabieta el niño no escucha, no ayuda el ofrecerle algo, en estos momentos pueden ocasionarle daño a otras personas, incluso a ellos mismos. Lo que se necesita es atención, darle un objeto con el que no pueda lastimarse y que pueda sacar la rabia, luego explicarle lo que acaba de pasar y no reprenderle.

Es importante prestar atención cuando ya el niño es capaz de hablar, pues indica que se debe buscar ayuda para saber qué cambiar para arreglar esa conducta o comportamiento. Cuando el niño empieza a hablar, tiene que empezar a expresarse y decir que está enojado, no más con berrinches ni rabietas.

Al momento de una rabieta pues la persona adulta debe ser la que mantenga la calma e intentar acercarse a él y abrazarle si está frustrado, esto siempre con palabras que ayuden a mejorar el ambiente.

El motivo de una rabieta se debe reconocer, por ello es necesario que se preste atención a lo que sucede con el hijo, es necesario saber equilibrar los Sí y lo No para que ellos no crean que pueden conseguir lo que desean con un berrinche. No es necesario gritarle ni desesperarse, porque se puede provocar una mayor tensión en el niño, cuando ya se ha calmado es necesario explicarle, hablar con él y enseñarle a pedir perdón por el comportamiento, jamás reprenderle.

Los berrinches se deben a causa que los pequeños empiezan a pensar más rápido de lo que aprender a hablar, eso causa un tipo de frustración y enojo que los lleva a demostrarlo con pataletas y actitudes típicas de un berrinche. La mejor solución: atención al niño y plática al respecto. No malos tratos.

Las malascrianzas o rabietas en los niños : ¿Independencia o Terquedad?

Cuando los niños son aún pequeños (hablo de alrededor de dos años y medio), no siempre se puede razonar con ellos. A veces están cansados, o sobreestimulados o han tenido un día duro y aún están aprendiendo a gestionar sus emociones (bueno, y seguramente los adultos también estamos en ello). Y si encima nosotros vamos con algo de prisa, o en ese momento tenemos la paciencia bajo mínimos, es la fórmula perfecta para que estalle el conflicto.

Los mayores nos ponemos a insistir sobre algo (véase hay que bañarse, hay que vestirse, nos tenemos que ir), el pequeño no quiere y se inicia un tira y afloja en bucle del que difícilmente podamos salir airosos, a no ser que busquemos otra forma de hacer las cosas. Si nos da por repetirle mil veces lo mismo, lo único que conseguimos es precisamente lo contrario.

A veces, por ejemplo, vestimos a Elena sin mayor problema. Además, ella ya empieza a meterse las mangas, a subirse los pantalones o a elegir qué zapatos se quiere poner. Pero otras veces, algo tan sencillo se convierte en un imposible. Quienes no tienen niños se sorprenden, ¿imposible vestir a un niño?. Pues sí. Y si no imposible, al menos una tarea tremendamente complicada.

En esos casos, no basta con insistir, ni explicarles por qué queremos o necesitamos que lo hagan.

Puede que en ocasiones funcione el llegar a acuerdos con ellos (aunque para mí en estas edades es difícil distinguirlo del chantaje, cosa que siempre intento evitar a toda costa) así que, en nuestro caso, solamente existen dos soluciones posibles. O bien esperar y dejarle que se tome su tiempo o bien distraer su atención con algo.

Puede que intervenga algún muñeco, que la ropa cobre vida o que todo el proceso se convierta en un juego (nada de explicarles que hace frío, que se pueden resfriar o que nosotros también nos hemos vestido con eso, pocas veces les vamos a convencer). Sé que a veces nos sentimos cansados, o «no estamos para juegos», pero al final te das cuenta de que es la única forma de hacer las cosas o de que las cosas acaben bien.

Es complicado respetar los enfados de los niños, porque pueden llegar a subir el nivel hasta niveles tremendos y nuestra paciencia se tambalea pero, como todo, creo que es algo que se puede entrenar o, al menos, procurar que sea la tónica general.

Las rabietas como parte de su desarrollo

Por lo general se sabe que cuando los niños están desarrollando sus habilidades lingüísticas durante el segundo año de vida se pueden presentar las rabietas con mayor frecuencia. Y como no lo pueden expresar con las palabras de que necesitan, sienten o quieren y se sienten frustrados les provoque entrar en las famosas rabietas, pero a medida que van mejorando sus habilidades lingüísticas van a tender a disminuir este tipo de comportamiento.

Los niños cuando tienen estas edades entre uno y tres años van a desear tener un mayor control sobre su entorno y una mayor independencia en cuanto a sus gustos y de lo que son capaces de asumir.

Si la madre no sabe manejar este tipo de situaciones se puede desembocar en una lucha frontal de poder y será un poco más complicado encauzar sin las rabietas y saber decir “No” cuando el niño está intentando decir: “lo puedo hacer solo” o “quiero esto para mí”.

Recomendaciones para trabajar con las rabietas

Recomendaciones para trabajar con las rabietas

Es así que para evitar las famosas rabietas en los lugares y momentos menos esperados es importante tener en cuenta una serie de recomendaciones que los expertos ofrecen, entre ellas tenemos:

  • Permita que su niño tenga control sobre pequeñas cosas, haciendo que él elija sobre algunas cosas por ejemplo: “deseas tomar jugo de mandarina o naranja?” “prefieres lavarte los dientes ahora o después de bañarte?” por lo general las mamás deberán llenarse de paciencia porque escuchará muchas veces un rotundo “NO” como respuesta.
  • Es importante que el niño o niña no tenga a la mano ciertos objetos prohibidos y que no estén a su alcance, esto con el fin de reducir algún riesgo. Obviamente, no siempre será posible estar alejándolo del peligro y controlando su entorno.
  • Es de igual importancia ayudar a su hijo a confiar en él y que aprenda nuevas habilidades y que logré pequeños y grandes éxitos. De ahí que es conveniente elogiarlo y a sentirse orgulloso de lo que él es capaz de hacer. Comenzar con retos muy sencillos de acuerdo a su edad y así ir exigiendo de a poco para que logre hacer tareas más desafiantes.
  • Conocer a su hijo es esencial no extralimite sus deberes, si él está cansado no será conveniente por ejemplo llevarlo al supermercado o cosas parecidas.
  • En el momento de una rabieta lo mejor es cambiarlo de ambiente, la distracción puede ser una garantía que su atención se aleje de su frustración. Sustituya la actividad de la que no puede hacer por algo que lo calme. Aproveche todos los recursos ya sea dentro de casa o por fuera de ella.
  • Si su hijo le solicita algo, es importante escucharlo y considerar en todas las alternativas si es posible acceder a su petición. Adáptese a las peticiones de su niño, a lo mejor no están tan excesiva y pueda cumplir sus deseos.
  • Desarrolle en él una actitud positiva, los hábitos sanos son identificables y que su niño los aprenda reconocer para un mejor comportamiento. Recompensar a su hijo por asumir estos hábitos positivos y elogiarlo por saber escuchar es otra alternativa para los padres.
  • Es necesario ser congruente y no permitir ceder ante una «mala» rabieta por eso antes de ser permisivo utilice la pausa obligada y un tiempo de descanso sujetando de manera firme a su hijo. No deje que su hijo se adueñe de su rol como padre.

Ahora bien, existe una serie de tácticas sencillas que pueden los padres tener presente en el momento de la rabieta de su niños. Entre estás tenemos no desesperarse, mantener la calma. No puede entrar el adulto en una rabia mayor a la de su hijo, por eso, es importante la tranquilidad, ya que de este comportamiento el niño verá un ejemplo a seguir.

Llegar abofetear o pegar es lo más incorrecto por utilizar el castigo y hasta la fuerza no van a conducir a nada bueno y en cambio traerá comportamientos negativos. Es esencial el auto-control para salir adelante frente a las rabietas de su niño y que es por un tiempo corto, sí sabe manejarlo. Utilice diferentes métodos para elegir como controlar a su hijo.

Puede ser desde utilizar la voz suave y consolar a su hijo hasta ignorar su comportamiento o como se decía distraer con alguna nueva actividad. Recuerde que su niño puede tener hambre o sueño, así que evalúe qué puede causar la rabieta.

Eventualmente si su hijo ha reconocido que el momento de la rabieta usted accede de una puede estar utilizando dichas rabietas para salirse con la suya porque se han dado cuenta que dicho comportamiento funciona perfectamente. Si el niño ha comenzado a ir a la escuela o está en edad preescolar es importante que vaya a su cuarto y se tranquilice.

En el caso que se agreda a sí mismo es necesario calmarlo y buscar ayuda en un profesional para que le dé las pautas a seguir. Es conveniente consultar al médico cuando usted continúa cediendo ante las rabietas de su hijo. O este comportamiento aumenta tanto en intensidad como en duración. O su hijo es demasiado irritable y poco coopera en su mejoramiento.

Enlaces externos sobre las rabietas en los niños

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