Publicado: 4 mayo, 2022
Actualizado: 31 enero, 2026
Recuerdo vívidamente la primera vez que mi bebé de 4 meses pasó tres días completos sin hacer popó. Era mi primer hijo y cada hora que pasaba me ponía más nerviosa. ¿Estaría enfermo? ¿Habría algo malo con mi leche materna? ¿Debía correr al hospital? La preocupación por el estreñimiento de nuestros bebés es una de esas experiencias que casi todas las madres vivimos, especialmente con el primer hijo.
Después de pasar por esto con mis tres hijos, puedo contarte que el estreñimiento en bebés es mucho más común de lo que pensamos y, en la mayoría de casos, es algo completamente manejable desde casa. Sin embargo, también aprendí que es crucial saber cuándo es normal y cuándo necesitamos buscar ayuda profesional.
Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de madres y padres, no constituye consejo médico. Cada bebé es diferente y tiene su propio ritmo digestivo. Para cualquier duda sobre la salud de tu bebé, consulta siempre con tu pediatra o profesional de salud de confianza.
Puntos clave sobre el estreñimiento en bebés:
– No todos los bebés hacen popó diariamente – cada uno tiene su ritmo natural
– La consistencia importa más que la frecuencia – deposiciones duras son más preocupantes que espaciadas
– Los cambios en la alimentación suelen ser la causa principal
– Los masajes y ejercicios suaves pueden ayudar significativamente
– Saber cuándo consultar al pediatra es fundamental para tu tranquilidad
En este artículo
¿Cómo reconocer realmente si tu bebé está estreñido?
Mi experiencia aprendiendo a identificar los síntomas
Al principio, confundía el estreñimiento con el ritmo natural de mi bebé. Mi pediatra me explicó algo que cambió mi perspectiva completamente: no se trata solo de cuántos días pasa sin hacer popó, sino de cómo se ve y se siente el bebé durante ese tiempo.
Los síntomas que aprendí a reconocer en mis hijos fueron:
– Deposiciones muy duras y secas (como pequeñas bolitas)
– Llanto y esfuerzo excesivo al intentar evacuar
– Barriguita hinchada y dura al tacto
– Pérdida de apetito o rechazo al biberón/pecho
– Irritabilidad general sin causa aparente
Según MedlinePlus del Instituto Nacional de Salud, estos síntomas son indicadores más confiables que simplemente contar los días sin evacuación.
Lo que no es estreñimiento (y me causaba pánico innecesario)
Con mi primer bebé, me alarmaba por cosas que resultaron ser completamente normales:
– Hacer muecas y ponerse rojo al hacer popó (es normal, están aprendiendo a coordinar los músculos)
– Pasar 2-3 días sin evacuar si está tomando pecho exclusivo
– Cambios ocasionales en la consistencia cuando introducimos nuevos alimentos
Las causas más comunes que he observado
Cambios en la alimentación
En mi experiencia, la mayoría de episodios de estreñimiento coincidieron con cambios alimentarios:
Durante la lactancia exclusiva: Mi segundo hijo pasaba hasta 5 días sin hacer popó y el pediatra me tranquilizó explicándome que la leche materna se aprovecha casi completamente. Sin embargo, cuando yo comía muchos lácteos o alimentos procesados, notaba que él se ponía más incómodo.
Al introducir la fórmula: El cambio más drástico lo viví con mi tercera hija cuando tuve que complementar con fórmula. En una semana pasó de deposiciones líquidas diarias a estreñimiento. La American Academy of Pediatrics explica que esto es normal porque la fórmula es más difícil de digerir.
Con la alimentación complementaria: Los primeros sólidos fueron todo un desafío. Alimentos como el arroz, plátano verde y zanahoria cocida tendían a estreñir a mis bebés, mientras que las peras, ciruelas y avena les ayudaban.
Otros factores que observé
- Deshidratación leve durante días muy calurosos
- Cambios de rutina (viajes, mudanzas)
- Fiebre o enfermedades que reducían su apetito
- Falta de movimiento cuando empezaron a gatear menos por alguna razón
Remedios naturales que realmente me funcionaron
Masajes que aliviaron a mis bebés
El masaje abdominal se convirtió en mi herramienta favorita. Lo que hacía era:
- Movimientos circulares: Con la palma de mi mano, hacía círculos suaves en el sentido de las manecillas del reloj alrededor del ombliguito
- Bicicleta con las piernitas: Movía suavemente sus piernas como si pedaleara una bicicleta
- Rodillas al pecho: Llevaba ambas rodillitas hacia el pecho y mantenía unos segundos
Lo hacía después del baño, cuando estaban relajados. Muchas veces veía resultados en las siguientes horas.
Cambios en la alimentación que me ayudaron
Si das pecho exclusivo:
– Aumenté mi consumo de agua significativamente
– Reduje lácteos y alimentos procesados de mi dieta
– Incluí más frutas con fibra como peras y ciruelas
Si usas fórmula:
– Cambié a una fórmula más fácil de digerir (bajo supervisión del pediatra)
– Me aseguré de prepararla con las proporciones exactas
– Ofrecí sorbitos de agua entre tomas (después de los 6 meses)
Con alimentación complementaria:
– Peras cocidas y papilla de ciruelas fueron mis aliadas
– Avena en lugar de arroz como cereal
– Agua en vasito cuando ya podían tomarla
Baños tibios y movimiento
Los baños tibios relajaban a mis bebés y parecían estimular su digestión. Después del baño, aprovechaba para hacer los masajes y ejercicios suaves.
También noté que cuando mis bebés tenían más «tiempo boca abajo» y oportunidad de moverse libremente, su digestión funcionaba mejor.
Cuándo busqué ayuda médica (y cuándo debiste hacerlo tú)
Señales de alerta que me hicieron llamar al pediatra
Hubo ocasiones específicas en las que no dudé en contactar al pediatra:
- Más de una semana sin evacuar acompañado de irritabilidad constante
- Vómitos persistentes junto con el estreñimiento
- Sangre en las deposiciones (aunque fuera muy poca)
- Pérdida de peso o rechazo total del alimento
- Fiebre junto con síntomas de estreñimiento
La Organización Mundial de la Salud enfatiza que cualquier cambio drástico en los patrones de alimentación o evacuación debe ser evaluado por un profesional.
Lo que el pediatra me recomendó
En las consultas por estreñimiento, mi pediatra generalmente:
– Evaluaba la dieta completa del bebé (y la mía si estaba amamantando)
– Revisaba la técnica de preparación de fórmula
– Recomendaba ajustes graduales en lugar de cambios drásticos
– En casos severos, sugería supositorios pediátricos específicos
Nunca me recomendaron remedios caseros como miel, jarabes o laxantes de adultos, que pueden ser peligrosos para bebés.
Alimentos que se convirtieron en mis aliados
Para bebés en alimentación complementaria
Frutas que ayudaron:
– Peras: Las cocía suavemente y las hacía puré
– Ciruelas: Tanto frescas como en compota sin azúcar
– Duraznos: Pelados y bien maduros
– Papaya: En pequeñas cantidades, muy efectiva
Verduras amigas:
– Brócoli: Cocido al vapor y bien triturado
– Espinacas: En pequeñas cantidades mezcladas con otras verduras
– Calabaza: Horneada y en puré
Cereales y granos:
– Avena: En lugar de arroz como primer cereal
– Quinoa: Bien cocida y triturada
Lo que evitaba durante episodios de estreñimiento
Aprendí a reducir temporalmente:
– Arroz (especialmente el blanco)
– Plátano verde
– Zanahoria en grandes cantidades
– Cualquier alimento nuevo hasta resolver el estreñimiento
Prevención: lo que hago ahora con la experiencia
Rutinas que establecí
Hidratación adecuada: Me aseguro de tomar suficiente agua si estoy amamantando, y ofrezco sorbitos de agua a los bebés después de los 6 meses.
Movimiento diario: Incluso con bebés pequeños, dedico tiempo a ejercicios suaves, masajes y «tiempo boca abajo» supervisado.
Introducción gradual de alimentos: Cuando introduzco nuevos alimentos, lo hago de uno en uno y observo cómo reacciona su digestión.
Señales tempranas que aprendí a reconocer
Ahora puedo identificar cuando alguno de mis hijos está empezando a tener problemas digestivos:
– Cambios en su humor durante las comidas
– Esfuerzo excesivo al evacuar
– Deposiciones más duras de lo usual
Actúo rápidamente con masajes, ajustes en la dieta y más hidratación antes de que se convierta en estreñimiento severo.
Mi reflexión después de tres hijos
El estreñimiento en bebés puede ser angustiante, especialmente cuando eres padre o madre primeriza. He aprendido que la paciencia y la observación cuidadosa son nuestras mejores herramientas. Cada bebé tiene su ritmo y lo que funciona para uno puede no funcionar para otro.
Lo más importante que puedo compartir es que confíes en tu instinto maternal/paternal, pero también busques orientación profesional cuando tengas dudas. El Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades tiene recursos excelentes sobre alimentación infantil que pueden ayudarte a prevenir problemas digestivos.
Recuerda que este período de ajustes digestivos es temporal. Con amor, paciencia y el apoyo adecuado, tanto tú como tu bebé superarán estos desafíos y establecerán patrones saludables que durarán toda la vida.
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