Publicado: 3 marzo, 2023
Actualizado: 1 febrero, 2026
Recuerdo perfectamente el día que mi pequeña Sofia dio sus primeros pasos. Habíamos estado esperando este momento durante semanas, y cuando finalmente sucedió, casi no lo podíamos creer. Después de pasar por esta experiencia con mis dos hijos, puedo decirte que enseñar a un bebé a caminar no se trata realmente de «enseñar» en el sentido estricto, sino más bien de acompañar, estimular y celebrar cada pequeño avance. Cada bebé tiene su propio ritmo, y lo que funcionó para mi primer hijo fue completamente diferente a lo que necesitó mi hija. Si estás viviendo esta etapa, quiero compartir contigo lo que aprendí en el camino, los errores que cometí y las estrategias que realmente nos funcionaron como familia.
Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de padres y madres, no constituye consejo médico. Cada bebé se desarrolla a su propio ritmo. Para cualquier duda sobre el desarrollo motor de tu bebé, consulta siempre con tu pediatra de confianza.
En este artículo
Puntos clave de mi experiencia enseñando a caminar:
- El bebé marca el ritmo: Forzar el proceso puede generar frustración para todos
- El ambiente seguro es fundamental: Más importante que cualquier juguete o técnica
- La motivación natural funciona mejor: Usar lo que ya les interesa
- Cada pequeño progreso cuenta: Desde ponerse de pie hasta dar el primer paso
- La paciencia es tu mejor herramienta: Los retrocesos son normales y temporales
Preparando el camino: Crear el ambiente perfecto
Mi primer error: Querer acelerar el proceso
Confieso que con mi primer hijo, Mateo, cometí el error de querer que caminara «a tiempo». Había leído que los bebés suelen caminar entre los 9 y 15 meses, y cuando cumplió 12 meses sin dar ni un paso, comencé a preocuparme innecesariamente. Lo que no sabía entonces es que cada bebé tiene su propio cronograma interno, y presionarlo solo genera estrés para toda la familia.
La Academia Americana de Pediatría explica que el rango normal para caminar es muy amplio. Lo que puedo contarte desde mi experiencia es que cuando dejé de presionar y comencé a seguir las señales de Mateo, todo fluyó mucho más naturalmente.
Creando un espacio seguro para explorar
Una de las mejores inversiones que hicimos fue adaptar nuestra sala de estar. Retiramos todos los objetos peligrosos, pusimos protectores en las esquinas y creamos un área amplia donde los niños pudieran moverse libremente. Recuerdo que Sofia pasaba horas gateando de un lado a otro, parándose agarrada de los muebles y explorando cada rincón.
Elementos que nos funcionaron para el espacio:
– Alfombras antideslizantes para evitar resbalones
– Muebles estables donde pudieran apoyarse
– Juguetes distribuidos estratégicamente para motivar el movimiento
– Escalones bajos y seguros para practicar subir y bajar
Estrategias que realmente funcionaron
Usar su motivación natural
Los niños no caminan porque nosotros queramos que caminen; lo hacen porque hay algo que los motiva a moverse. Con Mateo descubrí que su mayor motivación eran los coches de juguete. Colocaba sus carros favoritos un poco fuera de su alcance cuando estaba de pie, y él hacía el esfuerzo por dar uno o dos pasos para alcanzarlos.
Sofia, por el contrario, era completamente diferente. Su motivación era seguir a su hermano mayor. Cuando veía a Mateo corriendo por la casa, ella intentaba imitarlo. Aprendí que no existe una fórmula única; tienes que observar qué motiva específicamente a tu bebé.
El poder de estar a su altura
Algo que me funcionó muchísimo fue ponerme a la altura de mis hijos. En lugar de llamarlos desde arriba, me sentaba en el suelo a unos metros de distancia y extendía mis brazos. Esta posición les daba la confianza de que mamá estaba ahí para recibirlos si se caían.
Lo que hacía específicamente:
– Me sentaba a 1-2 metros de distancia cuando estaban de pie
– Mantenía los brazos extendidos como «meta»
– Usaba un tono de voz alentador pero no desesperado
– Si se caían, los consolaba brevemente y los animaba a intentar de nuevo
La técnica de «caminar juntos»
Una estrategia que funcionó especialmente bien con Mateo fue caminar detrás de él sosteniéndole las manos. Gradualmente fui reduciendo el apoyo: primero sostenía ambas manos, luego solo una, después solo un dedo, hasta que finalmente pude soltarlo completamente.
Con Sofia tuve que adaptar esta técnica porque ella era más independiente. En su caso, funcionó mejor caminar a su lado sosteniéndole solo una mano, permitiéndole sentir que tenía control pero con la seguridad de mi apoyo.
Juguetes y herramientas: Lo que vale la pena y lo que no
Juguetes que realmente ayudaron
Después de probar muchas opciones, hay algunos juguetes que definitivamente hicieron la diferencia:
Carritos de empuje estables: Sofia tenía uno en forma de león que adoraba. Lo importante es que sea lo suficientemente pesado para no volcarse fácilmente. Pasaba horas empujándolo por toda la casa, lo cual fortalecía sus músculos y le daba confianza.
Pelotas grandes: Mateo se divertía muchísimo persiguiendo una pelota grande por la casa. Era perfecta porque rueda lentamente, lo que le daba tiempo de seguirla dando pasitos.
Juguetes musicales: Cualquier juguete que hiciera música y se pudiera activar caminando hacia él fue un éxito. La música los motivaba y celebraba su logro al mismo tiempo.
Lo que no nos funcionó
Andadores tradicionales: Después de consultarlo con nuestra pediatra, descubrimos que según la Academia Americana de Pediatría, los andadores con ruedas no solo no ayudan a aprender a caminar, sino que pueden retrasar el proceso. En nuestra experiencia, cuando Mateo usaba el andador, se acostumbraba a tener ese apoyo y le costaba más desarrollar el equilibrio natural.
Zapatos rígidos: Al principio pensé que necesitaban zapatos «de verdad» para caminar, pero mi pediatra me explicó que los pies descalzos o con calcetines antideslizantes son mejores para desarrollar el equilibrio y la fuerza en los pies.
Manejando las frustraciones (tuyas y del bebé)
Cuando el bebé se frustra
Hubo días en que Sofia se ponía de pie, daba un paso y se caía, y luego se frustraba tanto que no quería intentar más. En esos momentos aprendí que lo mejor era cambiar completamente de actividad. En lugar de insistir, nos íbamos a jugar a otra cosa, y generalmente una hora después ella estaba lista para intentar de nuevo.
Estrategias que me funcionaron para las frustraciones:
– Distraer con otra actividad cuando se frustraban
– No mostrar mi propia ansiedad o frustración
– Celebrar cualquier progreso, por pequeño que fuera
– Tomarnos descansos largos cuando era necesario
Manejando mis propias expectativas
Lo que más me costó aprender fue soltar mis expectativas. Tenía una imagen mental de cómo «debería» ser este proceso, y la realidad era completamente diferente. Algunos días había mucho progreso, otros parecía que retrocedíamos. Con Sofia me relajé mucho más, y curiosamente ella caminó antes que su hermano.
Celebrando cada pequeño logro
Reconociendo el progreso gradual
Antes de los primeros pasos oficiales, hay muchos logros que vale la pena celebrar:
– Ponerse de pie sin ayuda
– Mantenerse de pie por varios segundos
– Dar un paso mientras se sostiene de los muebles
– Soltarse brevemente antes de sentarse
– Caminar sostenido de una sola mano
Cada uno de estos momentos los celebrábamos con aplausos y sonrisas genuinas. Los bebés perciben nuestra emoción y eso los motiva a seguir intentando.
El día de los primeros pasos
Cuando Sofia finalmente dio sus primeros pasos independientes, fue un momento completamente mágico pero también muy natural. No fue dramático como me lo había imaginado; simplemente se paró, miró hacia donde quería ir, y caminó como si lo hubiera estado haciendo toda la vida. Mateo había sido diferente: él dio un paso, se emocionó tanto que se cayó, se levantó y siguió intentando con una sonrisa enorme.
Cuándo buscar orientación profesional
Durante este proceso, hubo momentos en que me pregunté si debía preocuparme. Mi pediatra me tranquilizó explicándome que según la Organización Mundial de la Salud, existe un rango muy amplio de «normalidad» en el desarrollo motor.
Señales que me hicieron consultar al pediatra:
– Cuando Mateo no mostraba interés en ponerse de pie a los 15 meses
– Diferencias significativas en el desarrollo de ambas piernas
– Pérdida de habilidades que ya había adquirido
– Falta total de interés en el movimiento
En todos los casos, una consulta profesional me dio tranquilidad y, cuando fue necesario, orientación específica. MedlinePlus tiene información detallada sobre los hitos del desarrollo motor que puede ser útil como referencia.
Lo que me hubiera gustado saber desde el principio
Si pudiera volver atrás y darme un consejo, me diría que relajara y disfrutara más el proceso. Los primeros pasos son solo el comienzo de décadas de movimiento, ¡y créeme que después vas a extrañar cuando se quedaban quietos en un lugar!
También me hubiera gustado saber que cada hijo iba a ser completamente diferente. Las estrategias que funcionaron perfectamente con Mateo fueron inútiles con Sofia, y viceversa. No existe un manual único porque no existen bebés únicos.
Los consejos más valiosos que recibí:
– «Tu bebé va a caminar cuando esté listo, no antes»
– «Disfruta esta etapa porque pasa muy rápido»
– «Confía en los instintos de tu hijo y en los tuyos propios»
– «Cada bebé tiene su propio cronómetro interno»
Ahora que mis dos hijos corren por toda la casa, a veces recuerdo con nostalgia esos días de primeros pasos inciertos. Era una época de tanta expectativa y emoción por cada pequeño logro. Si estás viviendo este momento con tu bebé, quiero que sepas que estás haciendo un gran trabajo. Tu amor, paciencia y apoyo son exactamente lo que tu pequeño necesita para dar ese gran paso hacia su independencia. Cada bebé encuentra su propio camino y su propio momento, y cuando llegue ese día, será perfecto para ustedes.
Tu Maternidad Maternidad, Embarazo, Parto, Lactancia y Crianza
