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Los Beneficios del Masaje Perineal para las Embarazadas

Publicado: 8 mayo, 2022
Actualizado: 31 enero, 2026

Cuando estaba embarazada de mi primera hija, alrededor de las 34 semanas, mi matrona me mencionó algo sobre el masaje perineal. Confieso que al principio me dio un poco de pudor, pero después de informarme y vivirlo en primera persona, puedo decirte que fue una de las mejores decisiones que tomé durante mi embarazo. No solo me ayudó físicamente durante el parto, sino que me dio una sensación de control y preparación que no había experimentado antes.

Si estás aquí leyendo sobre este tema, probablemente te encuentras en esa etapa del embarazo donde empiezas a pensar seriamente en el parto y quieres hacer todo lo posible para prepararte. Te entiendo perfectamente, y quiero compartir contigo mi experiencia con el masaje perineal, qué me funcionó, qué no, y todo lo que me hubiera gustado saber desde el principio.

Nota importante: Este artículo comparte mi experiencia personal y la de otras mamás, no constituye consejo médico. Cada embarazo y parto es diferente. Para cualquier duda sobre tu situación particular, consulta siempre con tu matrona, ginecólogo o profesional de salud de confianza.

Lo que aprenderás en este artículo:
Mi experiencia personal con el masaje perineal y cómo me ayudó
Los beneficios reales que experimenté y que respalda la evidencia científica
La técnica paso a paso que aprendí y perfeccioné durante semanas
Cuándo empezar y cómo superar las dudas iniciales
Qué esperar durante el parto y la recuperación postparto

¿Qué es exactamente el masaje perineal?

Mi primera impresión y lo que realmente es

La primera vez que mi matrona me explicó qué era el perineo, me quedé un poco perdida. El perineo es esa zona de piel y músculos que está entre la vagina y el ano. Durante el parto, esta área se estira enormemente para permitir que pase el bebé, y ahí es donde pueden ocurrir desgarros naturales o donde el médico puede hacer una episiotomía si es necesario.

El masaje perineal es básicamente una técnica donde estiras suavemente esta zona durante las últimas semanas del embarazo, preparándola para lo que va a venir. Según la Asociación Americana de Obstetras y Ginecólogos, esta práctica puede reducir significativamente el riesgo de traumatismo perineal durante el parto vaginal.

Por qué decidí hacerlo

Hablando con otras mamás en mi curso de preparación al parto, me di cuenta de que las que habían hecho masaje perineal en embarazos anteriores tenían historias de recuperación más rápida. Esto, junto con la información que encontré en MedlinePlus sobre los beneficios, me convenció de intentarlo.

Los beneficios que realmente experimenté

Reducción del riesgo de desgarros

No voy a mentir: tenía muchísimo miedo a los desgarros. Mi ginecóloga me explicó que los estudios, como los que publica la Organización Mundial de la Salud, muestran que el masaje perineal puede reducir hasta en un 15% el riesgo de desgarros de tercer y cuarto grado en primerizas.

En mi caso, tuve un desgarro muy pequeño de primer grado que apenas necesitó un par de puntos. Mi recuperación fue mucho más fácil de lo que esperaba, y estoy convencida de que el masaje ayudó.

Mayor confianza y menos ansiedad

Lo que no esperaba era el efecto psicológico. Hacer el masaje me hacía sentir que estaba haciendo algo activo para prepararme. Era mi momento de conexión conmigo misma y con mi bebé. Esas semanas finales del embarazo pueden ser muy ansiosas, y tener esta rutina me tranquilizaba.

Familiarizarme con las sensaciones del parto

Durante las primeras sesiones de masaje, la sensación de estiramiento me resultaba extraña e incómoda. Con el tiempo, no solo me acostumbré, sino que cuando llegó el momento del parto, esa sensación de presión no me tomó completamente desprevenida.

Cuándo y cómo empecé

El momento ideal según mi experiencia

Mi matrona me recomendó empezar alrededor de la semana 34, pero yo comencé en la 36 porque necesitaba tiempo para decidirme. Si pudiera volver atrás, habría empezado un poco antes para tener más práctica.

La Biblioteca Nacional de Medicina recomienda comenzar entre las semanas 34-36 del embarazo, realizándolo diariamente durante 5-10 minutos.

Mi rutina de preparación

Lo que aprendí sobre la higiene: Siempre me lavaba muy bien las manos y mantenía las uñas cortas. Esto es fundamental para evitar infecciones.

El mejor momento: Después de la ducha nocturna era mi momento ideal. Estaba relajada y limpia, y podía tomarme mi tiempo sin prisas.

La posición que me funcionó: Probé varias posiciones. Al principio intentaba hacerlo acostada, pero me resultaba incómodo. Finalmente, me quedé con una posición semi-sentada en la cama, apoyada en cojines, con una pierna ligeramente levantada.

La técnica paso a paso que aprendí

Mis primeros intentos y lo que mejoré

El lubricante que usé: Mi matrona me recomendó aceite de almendras dulces, y fue perfecto. Al principio probé con aceite de oliva, pero el de almendras se absorbía mejor y no tenía olor fuerte.

Mi técnica personal (que fui perfeccionando)

  1. Aplicación del aceite: Usaba aproximadamente una cucharadita, calentándolo primero entre mis manos.

  2. Posición de los dedos: Insertaba el pulgar unos 3-4 centímetros dentro de la vagina (al principio menos, hasta acostumbrarme).

  3. El movimiento que aprendí: Presionaba hacia abajo (hacia el recto) y hacia los lados, manteniendo una presión firme pero no dolorosa. La sensación debe ser de estiramiento, similar a cuando sonríes mucho y sientes que se estiran las comisuras de los labios.

  4. El tiempo: Mantenía cada posición durante unos 1-2 minutos, y repetía el proceso durante 5-10 minutos en total.

  5. El masaje en U: Este movimiento me costó más dominar. Con el pulgar, hacía movimientos lentos desde las 3 en punto hasta las 9 en punto (como si fuera un reloj), siempre manteniendo la presión hacia abajo.

Lo que no me funcionó al principio

Los primeros días era demasiado suave, por miedo a hacerme daño. Mi matrona me explicó que debía sentir una sensación clara de estiramiento, no solo una caricia. También intenté hacerlo demasiado rápido al principio; la clave está en los movimientos lentos y sostenidos.

Molestias que experimenté y cómo las manejé

Las sensaciones normales que tuve

Ardor leve: Los primeros días sentía una sensación de ardor que me preocupó. Mi matrona me explicó que era normal mientras el tejido se acostumbraba al estiramiento.

Incomodidad: No voy a mentir, no era la actividad más cómoda del mundo, especialmente con un vientre enorme. Algunas noches simplemente no me apetecía, y está bien saltarse algún día.

Cuándo paré y consulté

Hubo un día en que noté un pequeño sangrado después del masaje. Me asusté mucho y llamé a mi matrona. Me tranquilizó diciéndome que un ligero manchado podía ser normal, pero que parara unos días. Según Mayo Clinic, es importante parar si hay sangrado significativo, dolor intenso o signos de infección.

Qué pasó durante mi parto

La diferencia que sentí

No puedo afirmar con certeza que el masaje perineal fue el único factor, pero mi experiencia de parto fue mejor de lo que esperaba. La fase de coronación (cuando sale la cabeza del bebé) fue intensa, pero no sentí el «anillo de fuego» tan terrible que había escuchado en tantas historias.

Mi ginecólogo comentó que tenía muy buena elasticidad en el tejido, y solo necesité esos pocos puntos que mencioné antes.

Mi recuperación postparto

La recuperación fue sorprendentemente llevadera. A los pocos días ya podía sentarme sin dolor, y a las dos semanas me sentía bastante normal. Comparando con amigas que tuvieron partos similares pero no hicieron masaje, definitivamente noté la diferencia.

Lo que me hubiera gustado saber antes

No es una garantía, pero ayuda

Una cosa importante que aprendí es que el masaje perineal no garantiza que no vayas a tener desgarros o que necesiten hacer una episiotomía. La posición del bebé, el tamaño, la duración del parto… hay muchos factores. Pero según la evidencia científica que puedes consultar en Cochrane Library, sí reduce significativamente las probabilidades.

Cada mujer es diferente

Lo que a mí me funcionó puede que a ti no te vaya bien, y está perfectamente bien. Conocí mamás que lo intentaron y no pudieron continuarlo por molestias, y otras que lo hicieron religiosamente pero aún así necesitaron episiotomía. Cada cuerpo y cada parto es único.

El apoyo de la pareja

Mi pareja al principio no entendía muy bien para qué servía, pero cuando le expliqué los beneficios, se volvió mi mayor animador. Los días que yo estaba cansada, él me recordaba que me había ayudado mucho las semanas anteriores.

Cuándo buscar ayuda profesional

Es fundamental consultar con tu matrona o ginecólogo antes de comenzar, especialmente si tienes alguna de estas situaciones:

  • Infecciones vaginales activas
  • Placenta previa
  • Riesgo de parto prematuro
  • Sangrado vaginal
  • Cualquier complicación del embarazo

La Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia tiene guías específicas sobre contraindicaciones que tu médico puede revisar contigo.

Mi reflexión final

Mirando hacia atrás, el masaje perineal fue una de esas cosas que hice durante el embarazo de las que no me arrepiento para nada. No solo por los beneficios físicos que experimenté, sino por la sensación de control y preparación que me dio.

No es para todas, y no es obligatorio. Pero si estás considerándolo, te animo a que hables con tu matrona y lo pruebes. Como con tantas cosas de la maternidad, lo importante es estar informada y tomar las decisiones que te hagan sentir más cómoda y preparada.

Recuerda que cada embarazo es una aventura única, y lo que funciona para una mamá puede que no funcione para otra. Lo más importante es que te sientas acompañada y apoyada en este proceso tan especial.

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