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La importancia del ejercicio durante el embarazo

Publicado: 10 octubre, 2021
Actualizado: 31 enero, 2026

Cuando me enteré de que estaba embarazada, una de mis primeras preguntas fue si podía seguir yendo al gimnasio. Tenía tantos miedos: ¿y si lastimaba al bebé? ¿y si me caía? ¿era seguro sudar tanto? Confieso que durante las primeras semanas, apenas me atrevía a caminar un poco más rápido de lo normal. Pero después de hablar con mi ginecóloga y vivir mi embarazo, puedo decirte que el ejercicio se convirtió en mi mejor aliado durante esos nueve meses. No solo me ayudó físicamente, sino que fue mi refugio emocional cuando me sentía abrumada por todos los cambios.

Nota importante: Este artículo comparte mi experiencia personal como madre, no constituye consejo médico. Cada embarazo es único y diferente. Para cualquier duda sobre actividad física durante tu embarazo, consulta siempre con tu ginecólogo o profesional de salud de confianza.

Puntos clave sobre el ejercicio durante el embarazo:

  • El ejercicio moderado es beneficioso para la mayoría de embarazos saludables
  • Mejora el estado de ánimo y ayuda a manejar la ansiedad del embarazo
  • Fortalece el cuerpo para los cambios físicos y el trabajo de parto
  • Cada trimestre tiene sus particularidades y limitaciones
  • La comunicación con tu médico es fundamental antes de iniciar cualquier rutina

Mi experiencia con el ejercicio en cada trimestre

Primer trimestre: Entre el cansancio y los miedos

Los primeros tres meses fueron los más complicados para mantenerme activa. Entre las náuseas matutinas y el agotamiento extremo, había días en que apenas podía levantarme del sofá. Recuerdo que mi entrenadora me dijo algo que me tranquilizó mucho: «Escucha a tu cuerpo, algunos días será caminar 10 minutos y está perfecto».

Lo que me funcionó durante esta etapa:
Caminatas cortas de 15-20 minutos cuando me sentía bien
Yoga prenatal suave para conectar con mi cuerpo cambiante
Natación cuando las náuseas eran muy intensas (el agua me calmaba)

Segundo trimestre: Mi época dorada

Entre el cuarto y sexto mes, me sentí como una nueva persona. La energía regresó y mi barriga aún no era tan grande como para limitarme demasiado. Fue cuando más disfruté hacer ejercicio. La American College of Obstetricians and Gynecologists recomienda 150 minutos de actividad aeróbica moderada por semana, y durante este trimestre logré cumplir esa meta casi siempre.

Mis actividades favoritas fueron:
Aqua aeróbicos para embarazadas: me encantaba la sensación de ligereza
Caminatas largas con mi pareja los fines de semana
Ejercicios con pesas ligeras para fortalecer brazos y espalda

Tercer trimestre: Adaptándome a mi nuevo cuerpo

Los últimos meses fueron todo un reto. Mi barriga era enorme, me dolía la espalda constantemente y me quedaba sin aliento subiendo escaleras. Tuve que adaptar completamente mi rutina, pero no abandoné el ejercicio. Mi fisioterapeuta me explicó que mantenerme activa podría ayudarme durante el parto, algo similar a lo que menciona Mayo Clinic sobre los beneficios del ejercicio prenatal.

Lo que me salvó en esta etapa:
Caminatas muy suaves de 10-15 minutos
Ejercicios en el agua (era lo único donde no sentía el peso extra)
Estiramientos y ejercicios de respiración en casa

Los beneficios que realmente experimenté

Beneficios físicos que noté

Mejor resistencia: Subir escaleras se volvió menos agotador conforme avanzaba el embarazo. Creo firmemente que esto me ayudó durante las 12 horas de trabajo de parto.

Menos dolores de espalda: Los días que no hacía ejercicio, terminaba con dolores terribles. El movimiento era mi mejor analgésico natural.

Mejor calidad de sueño: Aunque despertar para ir al baño era inevitable, cuando hacía ejercicio lograba dormir más profundamente entre despertares.

Control del peso: Subí los kilos recomendados por mi médico, sin excesos que complicaran mi recuperación posterior.

Beneficios emocionales (los más importantes para mí)

Reducción de ansiedad: El embarazo me generaba mucha ansiedad sobre el futuro, la salud del bebé, si sería buena madre. El ejercicio me ayudaba a despejar la mente.

Momento para mí misma: Entre los antojos, las consultas médicas y preparar todo para el bebé, el ejercicio era MI tiempo.

Conexión con mi cuerpo: Aprendí a admirar lo que mi cuerpo estaba logrando, en lugar de solo preocuparme por los cambios.

Confianza para el parto: Cada día que completaba mi rutina, me sentía más fuerte y preparada para el gran día.

Ejercicios que me funcionaron (y cuáles evité)

Mis ejercicios favoritos durante el embarazo

Caminar: Fue mi ejercicio más constante. Gratis, fácil de adaptar y perfecto para cualquier nivel de energía.

Natación y aqua aeróbicos: El agua era mágica para mis articulaciones doloridas. Me sentía ligera y libre.

Yoga prenatal: No solo por el ejercicio físico, sino por la respiración y la relajación mental.

Ejercicios con banda elástica: Perfectos para fortalecer brazos y espalda sin sobrecargar las articulaciones.

Sentadillas modificadas: Mi fisioterapeuta me enseñó versiones seguras que fortalecían mis piernas para cargar al bebé después.

Lo que tuve que evitar (y me costó aceptar)

Antes del embarazo corría regularmente y hacía ejercicios abdominales intensos. Tuve que despedirme temporalmente de:
Deportes de contacto (dejé el básquet que jugaba con amigas)
Ejercicios boca abajo después del primer trimestre
Levantamiento de pesas pesadas
Ejercicios abdominales tradicionales (me causaban separación abdominal)

Cuándo parar y buscar ayuda médica

Hubo días en que mi cuerpo me decía claramente «no». Aprendí a reconocer las señales de alarma que MedlinePlus describe como razones para detener el ejercicio inmediatamente:

  • Sangrado vaginal (me pasó una vez después de caminar muy rápido)
  • Mareos intensos que no se quitaban con descanso
  • Dolor en el pecho o dificultad extrema para respirar
  • Contracciones regulares antes de las 37 semanas

Una vez tuve que ir a urgencias porque después de nadar sentí contracciones regulares. Todo estaba bien, pero mi médico me felicitó por haber ido. «Siempre es mejor prevenir», me dijo.

Consejos prácticos que me hubiera gustado saber antes

Para empezar de forma segura

Habla primero con tu médico: Cada embarazo es diferente. Lo que funcionó para mí puede no ser adecuado para ti.

Empieza poco a poco: Si no hacías ejercicio antes, este no es el momento de entrenar para un maratón.

Invierte en un buen sostén deportivo: Tu pecho cambiará rápidamente y necesitarás soporte extra.

Hidrátate más de lo normal: Yo llevaba siempre una botella de agua y bebía cada 10-15 minutos.

Durante el ejercicio

Escucha a tu cuerpo: Algunos días podía caminar una hora, otros apenas 10 minutos. Ambos estaban bien.

Evita el sobrecalentamiento: Especialmente en verano. Ejercítate en lugares con aire acondicionado o muy temprano en la mañana.

No te acuestes boca arriba: Después del primer trimestre, puede reducir el flujo sanguíneo al bebé.

Come algo ligero antes: Un plátano o galletas me daban energía sin pesadez.

Mi rutina semanal (segundo trimestre)

Te comparto cómo era mi semana más activa, para que tengas una idea real:

Lunes: Caminata de 30 minutos en el parque
Martes: Clase de aqua aeróbicos para embarazadas (45 minutos)
Miércoles: Descanso o estiramientos suaves
Jueves: Yoga prenatal (1 hora)
Viernes: Ejercicios con banda elástica en casa (20 minutos)
Sábado: Caminata larga con mi esposo (45-60 minutos)
Domingo: Descanso total o natación libre si tenía ganas

Lo que el ejercicio me enseñó sobre la maternidad

Hacer ejercicio durante el embarazo fue mucho más que mantenerse en forma. Me enseñó a:

Ser flexible: Algunos días los planes cambian, y está bien adaptarse.

Escuchar mi cuerpo: Una habilidad que uso todos los días como madre.

Ser paciente conmigo misma: No todos los días son perfectos, y eso es completamente normal.

Valorar los pequeños logros: Caminar 15 minutos con náuseas era tan valioso como una hora de ejercicio intenso.

Priorizar mi bienestar: Cuidarme a mí misma era la mejor forma de cuidar a mi bebé.

Cuándo consultar con profesionales

La Organización Mundial de la Salud enfatiza la importancia de la supervisión médica durante el embarazo. En mi experiencia, valió la pena consultar con:

Mi ginecólogo: Para tener luz verde antes de empezar y ajustar la rutina en cada trimestre.

Un fisioterapeuta especializado: Me ayudó con ejercicios específicos para mis molestias de espalda.

Instructor de yoga prenatal: Conocía exactamente qué modificaciones necesitaba en cada etapa.

El ejercicio durante el embarazo no tiene que ser perfecto ni extremo. Para mí fue una forma de honrar lo que mi cuerpo estaba haciendo, de prepararme mental y físicamente para ser madre, y de mantener un pedacito de mi identidad mientras todo cambiaba a mi alrededor. Cada caminata, cada clase de yoga, cada día que escuché a mi cuerpo fue una pequeña inversión en mi bienestar y el de mi bebé. Recuerda que tu experiencia será única, y eso está perfectamente bien. Lo importante es que encuentres formas de moverte que te hagan sentir bien, siempre con el visto bueno de tu equipo médico.

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