Publicado: 28 febrero, 2023
Actualizado: 30 enero, 2026
Cuando mi esposo y yo decidimos buscar nuestro segundo hijo, él ya había cumplido los 43 años. Como muchas parejas, habíamos pospuesto la maternidad por trabajo, estabilidad económica y otros proyectos de vida. Lo que no esperaba era descubrir que la edad también afecta la fertilidad masculina. Durante meses de intentos, consultas médicas y algunas noches de preocupación, aprendimos que la fertilidad no es solo «cosa de mujeres» y que los hombres también experimentan cambios con los años.
Si estás en una situación similar, quiero compartir lo que vivimos, lo que aprendimos y cómo navegamos este proceso juntos como pareja.
Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de parejas en proceso de concepción, no constituye consejo médico. Cada situación de fertilidad es diferente. Para cualquier duda sobre fertilidad o salud reproductiva, consulta siempre con tu médico, urólogo o especialista en reproducción de confianza.
En este artículo
Lo que aprendimos sobre fertilidad masculina después de los 40:
- La calidad del esperma cambia gradualmente con la edad, pero cada hombre es diferente
- El estilo de vida influye más de lo que pensábamos en la salud reproductiva
- Las pruebas de fertilidad masculina son sencillas y nos dieron tranquilidad
- Pequeños cambios en la rutina diaria pueden marcar diferencia según nuestra experiencia
- Buscar ayuda profesional temprano nos ahorró tiempo y ansiedad
¿Por qué la edad afecta la fertilidad masculina?
Lo que nos explicó nuestro urólogo
Durante nuestra primera consulta, el especialista nos ayudó a entender algo que desconocíamos completamente. Según Mayo Clinic, la fertilidad masculina sí disminuye con la edad, aunque de manera más gradual que en las mujeres. La calidad y cantidad de espermatozoides pueden reducirse, así como su movilidad.
En nuestro caso, los análisis mostraron que aunque los números estaban dentro del rango normal, la movilidad había disminuido comparado con los valores ideales para hombres más jóvenes.
Los cambios que notamos
Lo que más me impactó fue darme cuenta de que algunos síntomas que habíamos atribuido al «estrés del trabajo» podrían estar relacionados:
– Mayor cansancio al final del día
– Menos interés en el ejercicio
– Cambios en el estado de ánimo
– Mayor sensibilidad al estrés
Mi esposo confiesa que inicialmente se sintió «atacado en su masculinidad», pero el urólogo le explicó que estos cambios son completamente normales y que reconocerlos es el primer paso para abordarlos.
Cómo afectó nuestro proceso de concepción
Los primeros meses de intentos
Después de seis meses sin resultados, comenzamos a preocuparnos. Con mi primer embarazo a los 29 años, había quedado embarazada casi inmediatamente. Esta vez era diferente, y la incertidumbre comenzó a generar tensión en nuestra relación.
Recuerdo perfectamente una conversación que tuvimos una noche: ambos nos echábamos la culpa internamente. Yo por mi edad, él por haberse «demorado mucho» en decidirse por el segundo hijo.
El impacto emocional que nadie menciona
Lo que no esperaba era cómo la fertilidad masculina afectaría emocionalmente a mi esposo. Los hombres también sienten:
– Presión por «rendir» en momentos específicos del ciclo
– Ansiedad sobre su «capacidad como hombre»
– Culpa por no haber intentado tener hijos antes
– Estrés que paradójicamente empeora la situación
Algo que me ayudó enormemente fue entender que necesitaba apoyarlo emocionalmente tanto como él me apoyaba a mí.
Las pruebas que nos dieron respuestas
Nuestra experiencia con el espermatograma
El Instituto Nacional de Salud explica que el análisis de semen es la primera prueba para evaluar fertilidad masculina. En nuestra experiencia, fue mucho menos invasivo de lo que temíamos.
El proceso fue sencillo:
– Cita matutina en el laboratorio
– Muestra recolectada en una habitación privada
– Resultados en 2-3 días
– Consulta para interpretar resultados
Lo que revelaron los resultados
Nuestros análisis mostraron:
– Concentración: Dentro del rango normal, pero en el límite inferior
– Movilidad: Ligeramente reducida
– Morfología: Normal
El doctor nos explicó que aunque los valores no eran preocupantes, sí reflejaban el impacto gradual de la edad. La buena noticia era que teníamos herramientas para mejorar la situación.
Tratamientos y opciones que consideramos
Cambios naturales que implementamos primero
Antes de considerar tratamientos médicos, decidimos probar con modificaciones en el estilo de vida durante tres meses. Según la Organización Mundial de la Salud, factores como la dieta, ejercicio y manejo del estrés pueden influir en la calidad del esperma.
Lo que funcionó para nosotros:
– Suplementos de ácido fólico y zinc (bajo supervisión médica)
– Ejercicio regular pero no excesivo
– Reducción significativa del alcohol
– Mejor manejo del estrés laboral
– Temperaturas más frescas (evitar jacuzzis, ropa muy ajustada)
Cuándo consideramos ayuda adicional
Después de nueve meses de intentos naturales, nuestro especialista en fertilidad nos explicó las opciones disponibles. Para parejas donde la mujer tiene más de 35 años y el hombre más de 40, recomiendan no esperar más de seis meses antes de buscar ayuda.
Las opciones que nos presentaron:
– Inseminación intrauterina (IUI)
– Fertilización in vitro (FIV)
– Técnicas de selección de espermatozoides
Los cambios de estilo de vida que realmente marcaron diferencia
Alimentación: más que una dieta de moda
Hablando con otras parejas en situación similar, descubrí que muchas habían notado mejoras con cambios alimentarios. Mi esposo inicialmente era escéptico, pero decidimos probarlo juntos.
Alimentos que incorporamos:
– Nueces y semillas (especialmente nueces de Brasil por el selenio)
– Pescados ricos en omega-3 (salmón, sardinas)
– Frutas y verduras coloridas (antioxidantes)
– Menos carnes procesadas y grasas trans
Lo que redujimos:
– Alcohol (de copas diarias a ocasional)
– Cafeína excesiva
– Comida rápida y procesada
– Azúcares refinados
Ejercicio: encontrando el equilibrio
Algo que no sabíamos es que tanto el sedentarismo como el ejercicio excesivo pueden afectar la fertilidad. Mi esposo era muy sedentario por su trabajo de oficina, así que comenzamos con caminatas de 30 minutos después del trabajo.
Progresivamente añadimos:
– Entrenamiento de fuerza 2-3 veces por semana
– Yoga para el manejo del estrés
– Actividades al aire libre los fines de semana
Manejo del estrés: el factor subestimado
No voy a mentir, los primeros meses fueron estresantes para ambos. El estrés crónico puede afectar los niveles de testosterona según nos explicó nuestro médico. Implementamos:
– Meditación diaria de 10 minutos
– Límites más claros entre trabajo y vida personal
– Terapia de pareja para manejar la presión
– Hobbies individuales para desconectar
Cuándo buscar ayuda profesional
Señales que no debemos ignorar
Basándome en nuestra experiencia y lo que nos explicaron los especialistas, es importante consultar si:
– Más de seis meses intentando concebir (si la mujer tiene más de 35)
– Historial de problemas de salud reproductiva
– Tratamientos médicos que puedan afectar fertilidad
– Síntomas como dolor, inflamación o cambios significativos
Tipos de especialistas que nos ayudaron
Durante nuestro proceso consultamos con:
– Urólogo: Para evaluación inicial y pruebas
– Especialista en fertilidad: Para opciones de tratamiento
– Nutricionista: Para optimizar la dieta
– Terapeuta: Para el aspecto emocional
La Sociedad Americana de Medicina Reproductiva tiene excelente información sobre cuándo y dónde buscar ayuda.
Consejos prácticos para parejas en esta situación
Lo que me hubiera gustado saber desde el inicio
Para las mujeres:
– La fertilidad masculina también se ve afectada por la edad
– Los hombres pueden sentirse igual de vulnerables que nosotras
– Apoyo emocional mutuo es crucial
– Las soluciones existen, pero requieren paciencia
Para los hombres:
– No es una reflexión de tu masculinidad
– Cambios pequeños pueden tener impacto grande
– Buscar ayuda es acto de responsabilidad, no debilidad
– Tu pareja necesita tu apoyo emocional tanto como tú el suyo
Errores que cometimos y cómo evitarlos
- Esperar demasiado tiempo antes de buscar evaluación profesional
- Enfocarnos solo en la fertilidad femenina inicialmente
- Dejar que el estrés dominara nuestra relación
- No comunicar nuestros miedos abiertamente
- Compararnos con otras parejas y sus tiempos
Nuestro final feliz (y realista)
Después de 14 meses de intentos, cambios de estilo de vida y una ronda de inseminación intrauterina, finalmente logramos nuestro embarazo. No fue el camino que esperábamos, pero nos enseñó mucho sobre nosotros como pareja y sobre la importancia de la salud integral.
Mi esposo ahora tiene 45 años, nuestro bebé tiene 8 meses, y puedo decir honestamente que todos los cambios que implementamos no solo mejoraron nuestras posibilidades de concepción, sino nuestra calidad de vida en general.
Lo más importante que aprendimos: La fertilidad es un tema de pareja, no individual. La edad afecta tanto a hombres como mujeres, pero con información correcta, apoyo profesional y cambios conscientes, las posibilidades de éxito siguen siendo muy buenas.
Si estás pasando por algo similar, recuerda que cada situación es única. Lo que funcionó para nosotros puede no funcionar igual para ti, pero no pierdas la esperanza. La medicina reproductiva ha avanzado enormemente, y hay múltiples caminos hacia la paternidad.
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