Publicado: 25 febrero, 2023
Actualizado: 31 enero, 2026
Recuerdo perfectamente cuando comencé a sentir esos dolores tipo cólico durante mi embarazo. Al principio me asusté muchísimo, especialmente porque nadie me había explicado con claridad qué era normal y qué no. Después de experimentar esto en dos embarazos y hablar con muchas otras mamás, puedo contarte que los cólicos son una experiencia muy común, aunque cada mujer los vive de manera diferente.
Lo que más me hubiera gustado saber es que estos dolores, aunque incómodos, generalmente forman parte del proceso natural de adaptación del cuerpo. Sin embargo, también aprendí la importancia de saber cuándo preocuparse y buscar ayuda médica. En este artículo quiero compartir contigo todo lo que viví y aprendí sobre los cólicos durante el embarazo, desde mi experiencia personal y la de otras mamás que conozco.
Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de madres que han vivido cólicos durante el embarazo, no constituye consejo médico. Cada embarazo es diferente y único. Para cualquier duda sobre dolor o molestias durante tu embarazo, consulta siempre con tu médico, ginecólogo o profesional de salud de confianza.
En este artículo
Puntos clave que compartiré desde mi experiencia:
• Mi experiencia personal con diferentes tipos de cólicos durante el embarazo
• Cómo distinguí entre dolores normales y señales que requerían atención médica
• Remedios caseros que realmente me funcionaron para aliviar las molestias
• Cambios alimenticios que me ayudaron a reducir los cólicos
• Cuándo buscar ayuda médica sin dudarlo
¿Qué son exactamente los cólicos durante el embarazo?
Mi primera experiencia con estos dolores
Durante mi primer embarazo, alrededor de la semana 8, comencé a sentir unos dolores similares a los cólicos menstruales, pero más suaves. Al principio pensé que algo estaba mal, pero mi ginecóloga me explicó que se trataba de algo completamente normal. Según la Organización Mundial de la Salud, estos dolores tipo cólico son parte del proceso de adaptación del útero durante el embarazo.
Los cólicos que experimenté se sentían como una presión o tirón en la parte baja del abdomen, a veces acompañados de una sensación similar a cuando tienes gases. Lo que me tranquilizó fue entender que mi útero se estaba estirando y creciendo para hacer espacio para el bebé.
Cómo los describía a mi pareja
Recuerdo que le decía a mi esposo que se sentía como si tuviera una banda elástica alrededor del vientre que se tensaba y relajaba. A veces duraban solo unos segundos, otras veces varios minutos. La intensidad variaba mucho de un día a otro.
Las causas más comunes que viví personalmente
Primer trimestre: El gran cambio hormonal
Durante los primeros meses, mis cólicos estaban muy relacionados con los cambios hormonales masivos que estaba experimentando. Mi cuerpo estaba produciendo cantidades enormes de progesterona y estrógeno, lo que según MedlinePlus afecta directamente los músculos del útero.
Lo que más me llamó la atención es que estos cólicos aparecían más cuando tenía el estómago vacío o cuando estaba muy estresada. Mi médica me explicó que el estrés puede intensificar estas sensaciones.
Segundo trimestre: El estiramiento del útero
Confieso que pensé que en el segundo trimestre los cólicos desaparecerían completamente, pero no fue así. Alrededor de la semana 18-20, comenzé a experimentar lo que mi ginecóloga llamó «dolores del ligamento redondo». Estos se sentían como tirones súbitos en los costados del vientre, especialmente cuando me levantaba rápidamente o cambiaba de posición.
Tercer trimestre: Las contracciones de Braxton Hicks
En mis últimos meses, los cólicos tomaron una forma diferente. Se volvieron más rítmicos y mi barriga se ponía dura como una roca durante unos 30-60 segundos. Estas fueron mis primeras contracciones de práctica, conocidas como contracciones de Braxton Hicks.
Cómo aprendí a distinguir entre lo normal y lo preocupante
Señales que me tranquilizaban
Después de varias consultas con mi médico, aprendí que los cólicos «normales» que experimentaba tenían ciertas características:
Se aliviaban con el descanso: Cuando me acostaba del lado izquierdo, generalmente disminuían.
No eran rítmicos: Aparecían de manera irregular, sin un patrón específico.
No empeoraban progresivamente: Algunos días eran más intensos, otros días casi no los sentía.
No venían con otros síntomas: No tenía sangrado, fiebre, o vómitos intensos.
Señales de alarma que aprendí a reconocer
Hubo ocasiones en las que los dolores me preocuparon lo suficiente como para llamar a mi médico. Según la Mayo Clinic, hay ciertos síntomas que siempre requieren atención médica inmediata:
Dolor intenso y persistente que no se alivia con el descanso fue una de las señales más claras que aprendí a reconocer. Durante mi segundo embarazo, tuve un episodio donde el dolor era tan fuerte que no podía caminar normalmente.
Sangrado acompañado de cólicos fue algo que por fortuna no experimenté, pero mi médica siempre me enfatizó que esta combinación requiere evaluación inmediata.
Contracciones regulares antes de las 37 semanas también las aprendí a identificar, especialmente porque con mi segundo bebé tuve algunas contracciones prematuras que requerían monitoreo.
Remedios que realmente me funcionaron
Mi rutina de alivio casero
Cuando tenía cólicos, desarrollé una rutina que me ayudaba mucho. Primero me recostaba del lado izquierdo con una almohada entre las piernas. Esta posición mejoraba la circulación y reducía la presión sobre el útero.
El calor suave se convirtió en mi mejor aliado. Usaba una bolsa de agua tibia (nunca caliente) sobre la zona baja del abdomen durante 15-20 minutos. Mi médica me había advertido que el calor excesivo puede ser peligroso durante el embarazo, así que siempre me aseguraba de que estuviera apenas tibio.
El baño tibio que me salvó muchas noches
Una de las cosas que más me aliviaba era tomar un baño tibio antes de dormir. No solo relajaba los músculos tensos, sino que también me ayudaba a desestresarme. Añadía unas gotas de aceite de lavanda al agua, lo que hacía la experiencia aún más relajante.
Ejercicios suaves que aprendí
Mi instructora de yoga prenatal me enseñó algunos estiramientos específicos que me ayudaron enormemente. El más efectivo para mí era ponerme en posición de gato-vaca: sobre manos y rodillas, arqueando y curvando suavemente la espalda. Este movimiento masajeaba los músculos abdominales de manera muy suave.
También encontré que caminar lentamente durante 10-15 minutos a menudo aliviaba los cólicos. El movimiento suave ayudaba a que los gases se movieran y reducía la tensión muscular.
Cambios en mi alimentación que marcaron la diferencia
Los alimentos que eliminé temporalmente
Después de llevar un diario de síntomas durante unas semanas, noté que ciertos alimentos empeoraban mis cólicos. Los frijoles y las legumbres que antes adoraba ahora me causaban más gases y, por tanto, más molestias abdominales.
Las bebidas muy frías también las evité porque sentía que causaban espasmos en mi estómago. En su lugar, comencé a tomar más líquidos a temperatura ambiente o ligeramente tibios.
Los alimentos que se convirtieron en mis aliados
El té de manzanilla se volvió mi bebida favorita por las tardes. Mi abuela me había recomendado esto, y efectivamente tenía un efecto relajante sobre mis músculos abdominales. Siempre consulté con mi médico antes de tomar cualquier hierba durante el embarazo.
Las comidas más pequeñas y frecuentes fueron un cambio revolucionario para mí. En lugar de tres comidas grandes, comencé a hacer 5-6 comidas pequeñas durante el día. Esto redujo significativamente la presión sobre mi estómago y útero.
El jengibre también me ayudó mucho, especialmente cuando los cólicos venían acompañados de náuseas. Lo tomaba en forma de té suave o masticaba pequeños pedazos de jengibre cristalizado.
La importancia de la hidratación
Algo que aprendí por experiencia es que la deshidratación empeoraba mis cólicos. El Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos recomienda mantener una buena hidratación durante todo el embarazo. Cuando no tomaba suficiente agua, notaba que los dolores se intensificaban hacia la tarde.
Cuándo busqué ayuda médica sin dudarlo
Mi experiencia con una falsa alarma
Durante mi primer embarazo, alrededor de la semana 16, tuve un episodio de cólicos que me asustó mucho. El dolor era más intenso de lo habitual y venía acompañado de una sensación extraña en la espalda baja. Llamé a mi médico en pánico, pensando que algo estaba terriblemente mal.
Resulta que había estado haciendo demasiado ejercicio y había levantado unas cajas pesadas durante una mudanza. Mi doctora me explicó que había sobrecargado los músculos que sostenían el útero. Después de un día de reposo completo, los dolores desaparecieron.
Señales que aprendí a no ignorar jamás
Con la experiencia de dos embarazos, aprendí que hay síntomas que siempre requieren una llamada inmediata al médico:
Dolor que me despierta por las noches fue una de mis señales de alarma personales. Durante mi segundo embarazo, esto me pasó una vez y resultó que tenía una infección urinaria que estaba complicando las cosas.
Cólicos acompañados de fiebre es algo que por fortuna no experimenté, pero mi médica siempre me enfatizó que esta combinación puede indicar una infección.
Cambios en los movimientos del bebé junto con cólicos también eran motivo de consulta inmediata para mí, especialmente después de la semana 20.
Mi regla personal: «Cuando dudes, pregunta»
Desarrollé una filosofía muy simple: prefería hacer diez llamadas «innecesarias» a mi médico que ignorar una señal importante. Nunca me sentí juzgada por preguntar, y mi equipo médico siempre me tranquilizó cuando tenía dudas.
Lo que me hubiera gustado saber desde el principio
Cada embarazo es completamente diferente
Una de las cosas que más me sorprendió fue descubrir que mis dos embarazos fueron totalmente diferentes en cuanto a los cólicos. En el primero, los sentí principalmente en el primer trimestre. En el segundo, aparecieron más hacia el final y eran más intensos.
Hablando con otras mamás en mi clase de preparación para el parto, me di cuenta de que algunas nunca experimentaron cólicos significativos, mientras que otras los tuvieron durante todo el embarazo. Esto me ayudó a entender que no hay una experiencia «estándar».
La importancia del apoyo emocional
No voy a mentir, hubo días en que los cólicos me generaban mucha ansiedad. Me preocupaba constantemente si mi bebé estaba bien, si yo estaba haciendo algo mal, o si debería estar más o menos activa.
Lo que más me ayudó fue hablar abiertamente con mi pareja, mi familia y otras mamás sobre estas preocupaciones. Descubrí que la ansiedad por sí sola podía empeorar los dolores, creando un ciclo difícil de romper.
Reflexiones finales desde mi experiencia maternal
Mirando hacia atrás, los cólicos durante el embarazo fueron una de las primeras lecciones importantes sobre la maternidad: aprender a confiar en mi cuerpo mientras también sabía cuándo buscar ayuda. Cada dolor, cada molestia, me enseñó a conocerme mejor y a desarrollar una comunicación más fuerte con mi equipo médico.
Si estás experimentando cólicos durante tu embarazo, quiero que sepas que no estás sola en esto. Es completamente normal sentir preocupación y buscar respuestas. Mi consejo más importante es que confíes en tu instinto: si algo no se siente bien para ti, vale la pena consultarlo con tu médico.
Recuerda que cada mujer vive su embarazo de manera única, y lo que funcionó para mí puede que necesite adaptaciones para tu situación particular. Lo más valioso que puedes hacer es mantenerte informada, cuidarte con cariño y disfrutar de este proceso increíble de crear vida. Tu cuerpo está haciendo algo extraordinario, y esos pequeños dolores a menudo son simplemente señales de que todo está avanzando como debe ser.
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