¿Embarazada? Descubre qué mariscos evitar y cuáles son seguros | Guía 2025

Publicado: 20 septiembre, 2023
Actualizado: 31 enero, 2026

Cuando descubrí que estaba embarazada, una de las primeras cosas que me vino a la mente fue: «¿Qué va a pasar con mis antojos de sushi?» Como amante de los mariscos, la idea de pasar nueve meses sin probar mis platillos favoritos me preocupaba mucho. Después de investigar con mi ginecólogo y nutricionista, descubrí que no tenía que renunciar por completo a los mariscos, pero sí necesitaba ser muy selectiva. Lo que más me hubiera gustado saber desde el principio es que con la información correcta y las precauciones adecuadas, podía seguir disfrutando de muchos mariscos de forma segura durante mi embarazo.

Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de madres que han vivido el embarazo, no constituye consejo médico. Cada embarazo es diferente y tiene necesidades específicas. Para cualquier duda sobre alimentación durante el embarazo, consulta siempre con tu ginecólogo, nutricionista o profesional de salud de confianza.

Puntos clave que debes saber sobre mariscos en el embarazo

  • No todos los mariscos son peligrosos: muchos son seguros y beneficiosos cuando se preparan correctamente
  • El mercurio es el principal riesgo: algunos pescados grandes lo acumulan en niveles peligrosos para el bebé
  • La cocción es clave: los mariscos crudos o poco cocidos representan riesgo de infecciones
  • Las cantidades importan: incluso los mariscos seguros deben consumirse con moderación
  • Cada embarazo es único: lo que funciona para una mamá puede no ser adecuado para otra

Los riesgos que descubrí al investigar sobre mariscos

Mi primera conversación con el ginecólogo sobre el mercurio

Recuerdo que en mi primera cita prenatal, le pregunté directamente a mi doctor si podía comer pescado. Su explicación sobre el mercurio me abrió los ojos completamente. Según la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA), el mercurio puede afectar el desarrollo del sistema nervioso del bebé.

Lo que me impactó más fue entender que el mercurio se acumula en los pescados más grandes porque estos se comen a los peces más pequeños durante años. Mi doctor me explicó que algunos pescados como el tiburón, el pez espada y la caballa real pueden tener niveles de mercurio que podrían dañar el desarrollo cerebral de mi bebé.

El susto con la listeriosis que me marcó

Durante mi segundo trimestre, una amiga embarazada terminó hospitalizada por listeriosis después de comer sushi. Ese momento me hizo investigar más profundamente sobre las bacterias en mariscos crudos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) explica que las mujeres embarazadas tienen 20 veces más probabilidades de contraer listeriosis que la población general.

No voy a mentir, después de ese susto dejé completamente los mariscos crudos. La listeriosis puede causar aborto espontáneo, parto prematuro o infección grave en el recién nacido, y para mí no valía la pena el riesgo.

Los mariscos que definitivamente eliminé de mi dieta

Adiós temporal al sushi y ceviches

Esta fue la parte más difícil para mí. Durante mis nueve meses de embarazo, evité completamente:

  • Sushi y sashimi: cualquier pescado crudo estaba fuera de la mesa
  • Ceviches: aunque el limón «cocina» el pescado, no elimina todas las bacterias
  • Ostras crudas: mi antojo favorito tuvo que esperar al postparto
  • Almejas y mejillones crudos: los evité por completo hasta después de dar a luz

Los pescados grandes que tuve que olvidar temporalmente

Basándome en las recomendaciones de MedlinePlus sobre alimentación en el embarazo, estos fueron los pescados que eliminé completamente:

  • Tiburón: alto contenido de mercurio
  • Pez espada: uno de los más peligrosos por mercurio
  • Caballa real: diferente a la caballa común, esta tiene mercurio alto
  • Atún patudo: aunque el atún enlatado estaba bien, este tipo fresco no

Los mariscos ahumados que me costó trabajo evitar

Los salmones ahumados refrigerados también entraron en mi lista de prohibidos temporales. Aunque están cocidos, el proceso no siempre elimina la listeria completamente. Mi nutricionista me explicó que la diferencia está en si son estables en el anaquel o requieren refrigeración.

Los mariscos que se convirtieron en mis aliados nutricionales

Mis opciones seguras favoritas durante el embarazo

Después de tanto «no puedes comer esto», descubrir qué SÍ podía comer fue un alivio enorme:

Pescados que disfruté regularmente:
Salmón: se convirtió en mi mejor amigo, rico en omega-3 y bajo en mercurio
Sardinas: aunque al principio no me gustaban, terminé amándolas
Camarones: mi salvación cuando tenía antojo de mariscos
Atún enlatado light: perfecto para ensaladas y sándwiches
Tilapia: suave y versátil para muchas recetas
Bacalao: excelente para guisos y preparaciones al horno

Los beneficios que noté en mi cuerpo

Consumir los mariscos correctos durante el embarazo me trajo beneficios que noté claramente:

Para mi bebé: Los omega-3 del salmón y sardinas ayudan al desarrollo cerebral. Mi pediatra después me confirmó que estos nutrientes son fundamentales durante el embarazo.

Para mí: La proteína de alta calidad me ayudó a mantener mis niveles de energía, especialmente durante el tercer trimestre cuando me sentía más cansada.

Vitaminas esenciales: Los mariscos me proporcionaron vitamina D, B12 y hierro que necesitaba más durante el embarazo.

Cómo establecí mis rutinas de consumo seguro

Las porciones que manejé semanalmente

Según las recomendaciones de la FDA, establecí estas cantidades semanales:

  • 2-3 porciones por semana de pescados bajos en mercurio (una porción = 4 onzas cocidas)
  • Máximo 6 onzas por semana de atún enlatado light
  • Una porción por semana de atún blanco o albacora (tiene más mercurio que el light)

Mis métodos de preparación infalibles

Desarrollé algunas técnicas que me aseguraban que todo estuviera perfectamente cocido:

Mi regla de oro: Cocinar hasta que la temperatura interna llegara a 63°C (145°F). Compré un termómetro de cocina específicamente para esto.

Señales visuales que aprendí:
– El pescado se deshace fácilmente con tenedor
– Los camarones se ven rosados y opacos
– No hay partes translúcidas o crudas

Mis preparaciones favoritas:
– Salmón al horno con limón y hierbas
– Camarones salteados con vegetales
– Tilapia a la plancha con especias

Cómo me convertí en experta identificando mariscos frescos

Las señales de frescura que aprendí a reconocer

Ir al mercado se convirtió en toda una ciencia para mí:

En pescados frescos:
– Ojos claros y brillantes, no opacos
– Branquias rojas, no grises o marrones
– Olor fresco a mar, no «a pescado»
– Carne firme que rebota al tocarla

En mariscos:
– Camarones sin manchas negras
– Almejas y mejillones que se cierran al tocarlos
– Caparazones intactos y brillantes

Mis tiendas de confianza

Durante el embarazo me volví muy selectiva con dónde compraba:
– Pescaderías con alta rotación de producto
– Supermercados donde conocía los días de llegada de pescado fresco
– Tiendas que mantenían todo bien refrigerado y en hielo

Ideas y recetas que me salvaron los antojos

Mis sustitutos creativos para el sushi

Cuando el antojo de sushi era insoportable, creé estas alternativas:

«Sushi» de salmón cocido:
– Arroz para sushi normal
– Salmón cocido al vapor con salsa teriyaki
– Vegetales frescos como pepino y aguacate
– Me daba la textura y sabor sin el riesgo

Poke bowl seguro:
– Base de arroz integral
– Camarones cocidos marinados con limón
– Edamames, algas nori tostadas, aguacate
– Salsa de soja baja en sodio

Mis recetas favoritas para cada trimestre

Primer trimestre (cuando tenía náuseas):
– Caldo de pescado suave con jengibre
– Tostadas con atún enlatado y aguacate
– Salmón al vapor con limón (sabores suaves)

Segundo trimestre (cuando recuperé el apetito):
– Camarones al ajillo con pasta integral
– Tacos de pescado con tilapia y repollo
– Ensalada de salmón ahumado cocido (estable en anaquel)

Tercer trimestre (cuando necesitaba energía):
– Curry suave de camarones con leche de coco
– Salmón glaseado con miel al horno
– Sopa de mariscos bien cocidos con vegetales

Qué hacer si cometiste un error (porque me pasó)

Mi experiencia con un «pequeño accidente»

A los cinco meses de embarazo, en una cena familiar, sin darme cuenta comí una pequeña porción de ceviche que preparó mi suegra. El pánico que sentí fue terrible. Te comparto qué hice y qué aprendí:

Los pasos que seguí inmediatamente

  1. No entré en pánico (aunque ganas no me faltaron)
  2. Llamé a mi ginecólogo para contarle exactamente qué había comido y cuánto
  3. Anoté la hora y cantidad para darle información precisa al doctor
  4. Me mantuve alerta a síntomas como fiebre, dolor de cabeza o malestar estomacal

Lo que me tranquilizó mi médico

Mi ginecólogo me explicó que una exposición pequeña y aislada generalmente no causa problemas graves. Me dijo que observara síntomas por 48-72 horas y que lo llamara inmediatamente si tenía:
– Fiebre
– Vómitos persistentes
– Dolor abdominal fuerte
– Cualquier síntoma inusual

Afortunadamente no pasó nada, pero aprendí a ser aún más cuidadosa en reuniones familiares.

Cuándo buscar ayuda profesional

Las señales que me enseñaron a reconocer

Durante mi embarazo, mi médico me explicó que debía contactarlo inmediatamente si experimentaba:

  • Síntomas de intoxicación alimentaria: vómitos, diarrea, fiebre después de comer mariscos
  • Síntomas de listeriosis: fiebre, dolores musculares, náuseas o diarrea
  • Cualquier duda sobre algo que comí sin darme cuenta

Recursos que me ayudaron durante todo el proceso

Para mantenerme informada, consulté regularmente:
Mi equipo médico: ginecólogo y nutricionista prenatal
MedlinePlus: para información confiable en español
FDA: para actualizaciones sobre seguridad alimentaria
Mi clase de preparación para el parto: donde otras mamás compartían sus experiencias

Mi reflexión después de vivir todo el proceso

Pasar nueve meses siendo tan cuidadosa con los mariscos me enseñó que la maternidad empieza desde el embarazo con cada decisión que tomas pensando en tu bebé. Sí, hubo momentos en que extrañé terriblemente mi sushi favorito, pero encontrar alternativas seguras y deliciosas se convirtió en parte de la aventura.

Lo más importante que aprendí es que no estás sola en esto. Cada mamá que conozco ha pasado por las mismas dudas y antojos. Habla con tu médico, haz preguntas sin pena, y recuerda que estos nueve meses pasan más rápido de lo que imaginas. Ahora que mi bebé tiene un año, puedo decir que cada sacrificio valió la pena, y esa primera porción de sushi después del parto supo a gloria.

Confía en ti misma, mantente informada con fuentes confiables, y disfruta esta etapa única. Tu cuerpo y tu instinto maternal ya saben más de lo que crees.

Acerca Grupo Editor

Somos un colectivo de padres y madres que compartimos temas de maternidad, concepción, embarazo, parto, lactancia y crianza de niños en general.

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