Los Beneficios del Ejercicio en los Niños

Los Beneficios del Ejercicio en los Niños

Publicado: 20 mayo, 2022
Actualizado: 30 enero, 2026

Recuerdo vívidamente cuando mi hijo mayor tenía cuatro años y cada día era una lucha constante para que gastara toda esa energía inagotable que parecía tener. Entre trabajo, casa y las mil tareas del día a día, a veces me resultaba más fácil ponerle una película que salir al parque. Pero poco a poco me di cuenta de algo: los días que más se movía, mejor dormía, estaba más contento y hasta nosotros como familia nos divertíamos más. Ahora, con tres hijos de diferentes edades, puedo confirmar que el ejercicio no solo los mantiene ocupados, sino que realmente transforma su humor, su salud y hasta su rendimiento en el colegio.

Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de una madre sobre el ejercicio infantil, no constituye consejo médico ni reemplaza las recomendaciones de pediatras o especialistas en actividad física. Cada niño es diferente y tiene necesidades particulares. Para dudas sobre la salud de tu hijo o actividades específicas, consulta siempre con tu pediatra.

Lo que he observado en mis hijos con el ejercicio regular

  • Mejor humor y menos berrinches – especialmente después de correr o jugar activamente
  • Sueño más profundo y reparador – se duermen más fácil y descansan mejor
  • Mayor confianza en sí mismos cuando logran nuevos movimientos o deportes
  • Mejor concentración para hacer tareas o actividades que requieren atención
  • Menos resfriados comparado con épocas más sedentarias

Los cambios físicos que he visto en mis hijos

Cuando empezaron a ser más activos

Mi experiencia con tres niños me ha enseñado que no todos responden igual al ejercicio, pero hay algunos cambios que he notado en todos. Mi hija menor, que siempre fue más sedentaria, comenzó a mostrar más coordinación cuando empezamos con clases de natación a los 5 años. El del medio, que es naturalmente atlético, desarrolló una resistencia increíble cuando se unió al equipo de fútbol.

La Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños y adolescentes hagan al menos 60 minutos de actividad física diaria. Al principio esto me parecía imposible, pero descubrí que no tiene que ser todo de una vez. Jugar en el parque 20 minutos, caminar al colegio y hacer deportes en casa suma rápidamente.

Fortaleza que va más allá de los músculos

Lo que más me ha impresionado es ver cómo el ejercicio regular ha fortalecido no solo sus cuerpos, sino también su resistencia general. Mis hijos se cansan menos subiendo escaleras, cargan sus mochilas sin quejarse y tienen mejor postura cuando hacen tareas.

Según MedlinePlus, la actividad física regular en niños ayuda a fortalecer huesos y músculos, algo que pude confirmar cuando mi hijo mayor se fracturó el brazo. El doctor comentó que tenía huesos fuertes, probablemente por toda su actividad física.

El impacto emocional que no esperaba

Días difíciles y cómo el ejercicio los salvó

Confieso que hay días en que todos estamos irritables, cansados o simplemente tenemos «uno de esos días». He aprendido que sacar a los niños a correr, aunque sea 15 minutos alrededor de la cuadra, puede cambiar completamente el ambiente familiar.

Mi hija del medio pasó por una época de mucha ansiedad a los 8 años. El psicólogo nos sugirió, además de la terapia, incorporar más actividad física. No fue mágico, pero sí noté que los días que iba a clases de danza o jugábamos activamente en casa, su estado de ánimo era más estable.

La Mayo Clinic explica que el ejercicio libera endorfinas, que son químicos naturales que mejoran el estado de ánimo. En mi experiencia práctica, esto es absolutamente cierto. Mis hijos están más contentos, más colaboradores y menos propensos a berrinches después de moverse.

Autoestima que crece con cada logro

Ver a mis hijos celebrar cuando logran hacer algo nuevo físicamente es uno de mis momentos favoritos de la maternidad. Cuando mi hijo aprendió a andar en bicicleta, cuando mi hija logró hacer una voltereta, cuando el pequeño consiguió treparse solo al pasamanos… cada pequeño triunfo físico se traduce en más confianza en todas las áreas de su vida.

Cómo afecta su rendimiento escolar

La conexión que descubrí entre movimiento y concentración

Una de las cosas que más me sorprendió fue notar que en las épocas donde mis hijos hacen más ejercicio, también rinden mejor en el colegio. Al principio pensé que era coincidencia, pero llevando un registro informal durante un año, la correlación era evidente.

Los maestros de mis hijos han comentado que después del recreo o de educación física, los niños están más enfocados y participativos. La Academia Americana de Pediatría confirma que el ejercicio regular mejora la función cognitiva y el rendimiento académico en los niños.

Menos tiempo de pantalla, mejor concentración

Cuando aumentamos las actividades físicas, naturalmente disminuyó el tiempo que pasan frente a pantallas. No fue intencional al principio, simplemente no tenían tiempo o interés. Pero noté que su capacidad para concentrarse en tareas que requerían atención sostenida mejoró considerablemente.

Aprendiendo a convivir y colaborar

Deportes en equipo: más que solo ejercicio

Mi experiencia con deportes organizados ha sido mixta, pero en general muy positiva. Mi hijo mayor juega fútbol desde los 6 años, y aunque hubo temporadas difíciles, lo que ha aprendido sobre trabajo en equipo, respeto por las reglas y manejo de la frustración ha sido invaluable.

No todos mis hijos son deportistas natos, y eso está bien. Mi hija prefiere actividades individuales como natación o baile, mientras que el pequeño disfruta más los juegos libres en el parque. Lo importante es que todos se muevan de alguna manera.

Juegos familiares que funcionan

Hemos creado algunas tradiciones familiares que involucran movimiento: caminatas los sábados por la mañana, bailes espontáneos en la sala, competencias de saltos en el patio. Estos momentos han fortalecido nuestros vínculos familiares mientras todos hacemos ejercicio sin darnos cuenta.

Actividades que hemos probado según las edades

Con los pequeños (2-5 años)

En esta etapa, todo es juego. Correr por el parque, trepar en juegos infantiles, bailar música, jugar a la pelota en el patio. No necesitas actividades estructuradas, solo oportunidades para moverse. Mis hijos pequeños han disfrutado especialmente:

  • Obstáculos caseros con almohadas y sillas
  • Imitación de animales (caminar como cangrejo, saltar como rana)
  • Juegos tradicionales como la gallinita ciega o escondidas
  • Bicicleta sin pedales para desarrollar equilibrio

Con los escolares (6-12 años)

A esta edad pueden seguir reglas más complejas y mantener la atención por períodos más largos. Hemos experimentado con deportes organizados, clases de natación, artes marciales, y también actividades más libres. Lo que mejor nos ha funcionado:

  • Deportes en equipo (fútbol, básquet) para algunos, individuales para otros
  • Actividades al aire libre como senderismo familiar o andar en bicicleta
  • Juegos que combinan diversión y ejercicio como competencias de baile
  • Actividades estacionales como patinar en invierno o nadar en verano

Consejos prácticos que me han funcionado

Cómo motivarlos sin presionar

He aprendido que la presión excesiva puede hacer que los niños desarrollen aversión al ejercicio. Mi enfoque ahora es:

Ofrecer variedad: Si no les gusta un deporte, probamos otro. Si no quieren deportes organizados, buscamos alternativas.

Hacer familia: Salir a caminar juntos, jugar en el parque, bailar en casa. Cuando ven que nosotros también disfrutamos movernos, es más natural para ellos.

Celebrar pequeños logros: No solo las medallas o trofeos, sino también cuando corren un poco más lejos o aprenden un movimiento nuevo.

Superando la resistencia y las excusas

«No tengo ganas», «está aburrido», «prefiero ver televisión»… he escuchado todas las excusas posibles. Algunas estrategias que me han funcionado:

  • Opciones limitadas: «¿Quieres ir al parque o jugar pelota en el patio?» en lugar de «¿quieres hacer ejercicio?»
  • Incorporar amigos: Las actividades físicas son más divertidas con compañía
  • Música: Todo es más divertido con música
  • Rutinas: Cuando el ejercicio es parte de la rutina diaria, hay menos resistencia

Cuándo preocuparse y consultar al pediatra

Aunque el ejercicio es generalmente beneficioso, he aprendido a estar atenta a señales de alerta. Consultaría al pediatra si noto:

  • Fatiga excesiva después de actividad ligera
  • Dolor persistente en articulaciones o músculos
  • Falta extrema de coordinación para su edad
  • Resistencia total a cualquier tipo de movimiento

Los Centros para el Control de Enfermedades tienen excelentes recursos sobre niveles apropiados de actividad física para diferentes edades.

Lo que he aprendido después de años de intentos y errores

Si pudiera volver atrás y darme un consejo cuando mis hijos eran más pequeños, me diría: «No te compliques tanto». El mejor ejercicio para los niños es el que disfrutan y hacen regularmente. No tiene que ser perfecto, estructurado o costoso.

He visto cómo el ejercicio regular ha transformado no solo la salud física de mis hijos, sino también su confianza, su capacidad para manejar emociones difíciles y hasta su rendimiento escolar. Pero lo más importante es que hemos creado recuerdos hermosos como familia mientras nos movemos juntos.

Cada niño es diferente, y lo que funciona para una familia puede no funcionar para otra. La clave está en seguir intentando, observar qué disfrutan nuestros hijos, y recordar que cualquier movimiento es mejor que ningún movimiento. Al final del día, queremos criar niños que asocien la actividad física con diversión, bienestar y tiempo de calidad en familia.

Acerca Grupo Editor

Somos un colectivo de padres y madres que compartimos temas de maternidad, concepción, embarazo, parto, lactancia y crianza de niños en general.

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