Como ayudar a un hijo que roba

Publicado: 11 octubre, 2023
Actualizado: 30 enero, 2026

Recuerdo la primera vez que descubrí que mi hija de siete años había tomado algo que no era suyo. Fue un pequeño juguete de la casa de una amiguita. Mi corazón se aceleró, una mezcla de sorpresa, decepción y pánico se apoderó de mí. ¿Cómo había llegado mi pequeña a hacer algo así? ¿Qué había hecho mal como madre? Durante esas primeras horas, mil preguntas pasaron por mi cabeza, y confieso que no sabía por dónde empezar a abordar esta situación tan delicada.

Si estás leyendo esto, probablemente te encuentras en una situación similar. Déjame decirte que no estás solo y que, aunque es un momento difícil, hay maneras efectivas de manejar esta situación manteniendo la conexión con tu hijo y ayudándolo a aprender de este error.

Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de padres y madres, no constituye consejo médico o psicológico profesional. Cada niño y situación familiar es diferente. Para casos complejos o comportamientos repetitivos, consulta siempre con tu pediatra, psicólogo infantil o profesional de salud mental especializado en niños.

Lo que debes saber sobre ayudar a un hijo que roba

  • El robo en niños suele tener causas emocionales profundas que requieren comprensión antes que castigo
  • Mantener la calma y conversar sin juzgar es fundamental para entender qué está pasando
  • Establecer consecuencias educativas, no punitivas, ayuda más que los castigos severos
  • La constancia y el apoyo emocional son clave para que el niño supere este comportamiento
  • Saber cuándo buscar ayuda profesional puede marcar la diferencia en casos complejos

¿Por qué los niños toman cosas que no son suyas?

Mi experiencia entendiendo las razones detrás del comportamiento

Cuando mi hija finalmente me contó por qué había tomado ese juguete, me di cuenta de que había estado enfocándome en lo incorrecto. No era simplemente que «quisiera» el juguete. Me explicó, entre lágrimas, que se sentía triste porque su amiguita tenía «cosas más bonitas» y ella quería tener algo igual de especial.

Según los especialistas de Healthy Children, los niños pueden tomar objetos por diversas razones que van más allá del simple deseo de poseer algo. En mi experiencia, he observado que generalmente hay emociones no expresadas detrás de estas acciones.

Las emociones que descubrí detrás del comportamiento

Necesidad de atención: A veces, cuando mi hija se sentía ignorada por el trabajo o las responsabilidades diarias, actuaba de maneras que sabía que captarían mi atención inmediata, aunque fuera negativa.

Sentimientos de inferioridad: Como mencioné, compararse con otros niños y sentir que «les falta algo» puede llevarlos a tomar objetos que simbolizan lo que creen que necesitan.

Impulsos no controlados: Los niños pequeños aún están desarrollando el autocontrol. Lo que para nosotros es obvio («esto no es mío, no debo tomarlo»), para ellos puede ser una lucha interna real.

Experimentación moral: Algunos niños están genuinamente probando los límites, tratando de entender qué pasa si rompen las reglas.

Cómo tuve la conversación más difícil con mi hija

Preparándome emocionalmente para hablar

Antes de hablar con mi hija, necesité tomarme un momento para procesar mis propias emociones. Estaba enojada, decepcionada, y francamente, un poco avergonzada. Pero sabía que si abordaba la conversación desde esas emociones, no llegaríamos a ningún lado constructivo.

La American Academy of Pediatrics recomienda que los padres mantengan la calma durante estas conversaciones. En la práctica, esto significó que esperé hasta estar más tranquila y pude pensar con claridad sobre lo que quería lograr: entender por qué había pasado y ayudar a mi hija a aprender.

Las preguntas que realmente funcionaron

En lugar de empezar con «¿Por qué robaste?» (que inmediatamente pone al niño a la defensiva), comencé con preguntas más abiertas:

  • «¿Cómo te sentías cuando tomaste el juguete?»
  • «¿Qué estabas pensando en ese momento?»
  • «¿Cómo crees que se siente tu amiguita ahora?»

Estas preguntas me ayudaron a entender su perspectiva sin hacerla sentir atacada desde el inicio.

Validando sus emociones sin justificar las acciones

Una de las cosas más difíciles fue aprender a validar los sentimientos de mi hija mientras dejaba claro que su acción no estaba bien. Le dije algo como: «Entiendo que te sintieras triste al ver que tu amiguita tenía cosas que a ti te gustaban. Es normal sentirse así a veces. Pero tomar algo que no es nuestro no es la manera correcta de manejar esos sentimientos.»

Estableciendo consecuencias que realmente enseñan

Lo que no funcionó: los castigos tradicionales

Mi primera reacción fue castigarla sin televisión por una semana. Pero rápidamente me di cuenta de que esto no estaba enseñándole nada sobre el impacto de sus acciones o cómo reparar el daño causado.

Las consecuencias educativas que implementamos

Devolver el objeto personalmente: Mi hija tuvo que regresar el juguete directamente a su amiguita y disculparse. Esto fue difícil para ella, pero le ayudó a entender el impacto real de sus acciones en otra persona.

Reflexión escrita: Como sabía escribir, le pedí que escribiera una carta explicando por qué había tomado el juguete y cómo se sentía al respecto. Esto la ayudó a procesar sus emociones.

Acto de reparación: Además de devolver el juguete, decidimos juntas que haría algo especial por su amiguita, como dibujarle una tarjeta bonita.

Creando un plan para el futuro

Desarrollamos estrategias específicas para situaciones similares:
– Si siente envidia por algo que tiene otro niño, debe hablar conmigo al respecto
– Si siente el impulso de tomar algo, debe contar hasta diez y pensar en cómo se sentiría la otra persona
– Establecimos una señal secreta que podía usar si se sentía tentada y necesitaba mi ayuda

Reconstruyendo la confianza día a día

Los pequeños pasos que marcaron la diferencia

Después del incidente inicial, noté que mi hija estaba especialmente atenta a demostrar que era «buena». Empezó a preguntarme explícitamente si podía tocar o tomar prestadas cosas, incluso cosas que normalmente estarían bien.

Reconociendo el progreso: Cada vez que tomaba la decisión correcta, me aseguraba de reconocerlo. «Me di cuenta de que preguntaste antes de tomar la galleta. Eso muestra mucho respeto.»

Dándole oportunidades de demostrar honestidad: Intencionalmente le daba pequeñas responsabilidades que requerían confianza, como manejar dinero para compras pequeñas o cuidar objetos especiales.

Trabajando en la autoestima subyacente

Me di cuenta de que gran parte del comportamiento de mi hija venía de sentimientos de inadecuación. Comenzamos a trabajar activamente en fortalecer su autoestima:

  • Celebrando sus fortalezas únicas
  • Enseñándole que el valor no viene de lo que tienes, sino de quién eres
  • Practicando gratitud por las cosas que sí teníamos

Cuándo buscar ayuda profesional

Las señales que me alertaron

Aunque nuestro caso se resolvió relativamente bien, hay situaciones en las que es importante buscar ayuda adicional. Según MedlinePlus, debes considerar ayuda profesional si:

  • El comportamiento se vuelve frecuente o escalante
  • Tu hijo muestra otros comportamientos problemáticos concurrentes
  • No hay mejora después de varios intentos consistentes de intervención
  • El niño parece no sentir remordimiento genuino

Mi experiencia con el apoyo profesional

Aunque no necesitamos terapia para este incidente específico, consulté con el pediatra de mi hija para asegurarme de que estaba manejando la situación apropiadamente. Su orientación me tranquilizó y me dio herramientas adicionales para fortalecer nuestra comunicación.

Si sientes que necesitas apoyo adicional, no hay vergüenza en buscarlo. Los psicólogos infantiles están entrenados para ayudar tanto a los niños como a los padres a navegar estas situaciones complejas.

Lo que he aprendido sobre la paternidad a través de esta experiencia

Mis errores y aciertos

Error: Inicialmente reaccionar desde el pánico y la vergüenza en lugar de desde la curiosidad y el amor.

Acierto: Tomarme el tiempo para entender las emociones detrás del comportamiento antes de decidir las consecuencias.

Error: Asumir que mi hija entendía completamente por qué su acción estaba mal sin explicárselo claramente.

Acierto: Crear un plan conjunto para manejar situaciones similares en el futuro.

Las lecciones más valiosas

Esta experiencia me enseñó que los comportamientos problemáticos de los niños casi siempre son síntomas de necesidades emocionales no satisfechas. En lugar de enfocarme solo en detener el comportamiento, aprendí la importancia de abordar las causas subyacentes.

También me di cuenta de que estos momentos difíciles pueden convertirse en oportunidades increíbles para fortalecer nuestra relación y enseñar lecciones valiosas sobre empatía, honestidad y reparación.

Hoy, varios meses después del incidente, mi hija y yo tenemos una comunicación más abierta sobre sus sentimientos y desafíos. Aunque espero no tener que lidiar con una situación similar nuevamente, me siento más preparada y confiada en mi capacidad de manejar los desafíos de la paternidad con amor, paciencia y sabiduría.

Recuerda que cada niño es diferente, y lo que funcionó para nosotros puede necesitar adaptaciones para tu familia. Lo más importante es abordar la situación con amor, consistencia y la disposición de entender qué está realmente pasando en el corazón de tu hijo.

Acerca Grupo Editor

Somos un colectivo de padres y madres que compartimos temas de maternidad, concepción, embarazo, parto, lactancia y crianza de niños en general.

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