Publicado: 6 octubre, 2023
Actualizado: 30 enero, 2026
Recuerdo perfectamente el momento en que mi hijo de 8 años me preguntó: «¿Papá ya no va a vivir con nosotros?». Su voz pequeña y la confusión en sus ojos me partieron el corazón. Mi esposo y yo habíamos estado posponiendo esa conversación, creyendo que podríamos protegerlo un poco más. Pero los niños perciben mucho más de lo que creemos. Si estás atravesando una separación o ya la has vivido, sabes que una de las mayores preocupaciones es cómo afectará a tus hijos. Después de pasar por este proceso hace dos años y hablar con muchos otros padres en situaciones similares, quiero compartir lo que he aprendido sobre cómo viven los niños esta experiencia y qué podemos hacer para acompañarlos mejor.
Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de padres que han vivido separaciones familiares. Cada situación familiar es única y cada niño reacciona de manera diferente. Para cualquier preocupación sobre el bienestar emocional de tu hijo, consulta siempre con un psicólogo infantil o profesional de salud mental especializado.
En este artículo
Lo que he observado que sienten los niños
• Una mezcla de emociones confusas que cambian constantemente
• Miedo a que la separación sea su culpa
• Preocupación por tener que elegir entre papá y mamá
• Esperanza de que sus padres vuelvan a estar juntos
• Ansiedad sobre cómo será su nueva realidad
El mundo emocional de los niños durante la separación
Las primeras reacciones que viví en casa
Cuando finalmente le explicamos a mi hijo que papá se iba a mudar a otro departamento, su primera reacción fue el silencio. Durante varios días se mostró más callado de lo normal, como procesando la información. Después vinieron las preguntas: «¿Cada cuándo lo voy a ver?», «¿Ya no me quiere?», «¿Fue porque me porté mal?».
La Asociación Americana de Psicología explica que las reacciones de los niños varían según su edad y personalidad. En mi experiencia, lo más difícil fue ver cómo mi hijo trataba de entender algo que ni mi esposo ni yo teníamos completamente claro en ese momento.
El duelo que no esperaba
Algo que nadie me había contado es que los niños pasan por un proceso de duelo similar al de los adultos. Mi hijo lloró varias noches, preguntándose por qué «nuestra familia se había roto». Usaba exactamente esas palabras. Hubo días de enojo donde decía que odiaba la situación, y otros donde parecía completamente resignado.
Según MedlinePlus, es normal que los niños experimenten estas etapas de duelo. Lo que me ayudó fue validar sus emociones sin tratar de «arreglar» todo inmediatamente.
La culpa que se cargan sin razón
Lo que más me dolió fue darme cuenta de que mi hijo pensaba que él había causado nuestra separación. Un día me dijo: «Si hubiera sido más obediente, papá no se habría ido». En ese momento entendí que había estado conectando eventos que no tenían relación: sus travesuras normales de niño con nuestros problemas de pareja.
Tuve que repetirle muchas veces, de diferentes maneras, que los adultos se separan por problemas de adultos, nunca por algo que hagan los niños. Fue una conversación que tuvimos varias veces hasta que realmente lo interiorizó.
Cómo cambia su comportamiento día a día
En la escuela y con amigos
Su maestra me llamó después de algunas semanas porque había notado cambios en su comportamiento. Estaba más distraído, a veces agresivo con sus compañeros, y sus calificaciones habían bajado un poco. Me sentí terrible, pero la maestra me explicó que era completamente normal.
La Organización Mundial de la Salud reconoce que los cambios familiares importantes pueden afectar temporalmente el rendimiento académico y social de los niños.
Las noches más difíciles
Las noches fueron especialmente complicadas durante los primeros meses. Mi hijo tenía pesadillas ocasionales y a veces se despertaba preguntando dónde estaba papá. Establecimos una rutina donde podía llamar a su papá antes de dormir, lo cual lo tranquilizaba mucho.
También empezó a necesitar más tiempo para quedarse dormido. Me quedaba con él un rato extra, hablando sobre su día o simplemente acompañándolo en silencio.
Lo que más los ayuda en este proceso
Mantener la rutina tanto como sea posible
Una de las mejores decisiones que tomamos fue mantener sus actividades normales: fútbol los martes, visitas a la abuela los domingos, la hora del baño antes de cenar. Los niños necesitan sentir que aunque algunas cosas cambien, otras permanecen estables.
Comunicación honesta pero apropiada para su edad
Aprendí a ser honesta sin dar detalles innecesarios. Cuando me preguntaba por qué nos habíamos separado, le decía: «Papá y mamá ya no podemos vivir juntos como esposos, pero los dos te amamos igual que siempre y eso nunca va a cambiar».
Los expertos de Healthy Children recomiendan adaptar las explicaciones a la edad del niño, algo que me tomó tiempo perfeccionar.
Permitirles expresar sus emociones
Hubo días en que mi hijo estaba enojado conmigo o con su papá, y mi instinto era tratar de calmarlo rápidamente. Pero aprendí que era mejor dejarlo expresar esa rabia, validar que era normal sentirse así, y luego ayudarlo a procesar esos sentimientos.
Compramos un diario donde podía escribir o dibujar lo que sentía. Algunas veces lo compartía conmigo, otras no, y eso estaba bien.
Señales de que necesitan ayuda profesional
Cuándo busqué apoyo externo
Después de tres meses, noté que algunos comportamientos no estaban mejorando. Mi hijo seguía teniendo pesadillas frecuentes, había perdido interés en actividades que antes disfrutaba, y parecía triste la mayor parte del tiempo.
Decidí llevarlo con una psicóloga infantil especializada en temas de divorcio. Fue una de las mejores decisiones que tomé. Ella nos dio herramientas específicas para manejar la situación y ayudó a mi hijo a procesar sus emociones de manera más saludable.
Cambios que me preocuparon
Según Mayo Clinic, es importante estar atenta a señales como cambios drásticos en el apetito, problemas de sueño persistentes, regresión en habilidades ya adquiridas, o expresiones de querer hacerse daño.
En nuestro caso, fue más sutil: una tristeza constante que no parecía alivianarse con el tiempo y una ansiedad nueva cuando tenía que cambiar de casa entre papá y mamá.
La adaptación a la nueva dinámica familiar
Los primeros fines de semana con papá
El primer fin de semana que se fue con su papá, yo estaba más nerviosa que él. Me preocupaba que se sintiera abandonado o confundido. Pero cuando regresó, me contó emocionado sobre las pizzas que habían hecho juntos y la película que habían visto.
Eso me enseñó que los niños pueden ser más resilientes de lo que creemos, siempre que sientan amor y estabilidad de ambos lados.
Establecer nuevas tradiciones
Creamos nuevas tradiciones para nuestra nueva realidad: noches de película los viernes solo él y yo, desayunos especiales los lunes después de regresar de casa de papá, y llamadas diarias con su papá a la misma hora.
También su papá estableció sus propias tradiciones con él. Al principio me daba un poco de celos, pero después entendí que era sano que tuvieran su propia dinámica especial.
Errores que cometí y qué haría diferente
Hablar mal del otro frente al niño
Confieso que en los primeros meses, cuando estaba muy dolida, hice comentarios negativos sobre su papá frente a él. Rápidamente me di cuenta del daño que esto podía causar. Mi hijo no necesitaba cargar con mis emociones de adulta.
Sobreprotegerlo en lugar de ayudarlo a procesar
Al principio traté de mantenerlo ocupado todo el tiempo para que «no pensara en la separación». Después entendí que necesitaba espacio y tiempo para procesar lo que estaba viviendo, no distracciones constantes.
No cuidar mi propia salud emocional
Pensé que tenía que ser fuerte todo el tiempo por él, pero mi ansiedad y tristeza se notaban. Cuando empecé terapia para mí misma, toda la dinámica familiar mejoró.
Lo que he aprendido sobre la recuperación
El tiempo realmente ayuda
Después de un año, mi hijo había encontrado su ritmo con la nueva situación. Ya no preguntaba cuándo íbamos a volver a vivir todos juntos, y parecía cómodo hablando de «la casa de mamá» y «la casa de papá».
Los niños son más resilientes de lo que pensamos
Mi hijo desarrolló habilidades emocionales que no tenía antes: puede expresar mejor lo que siente, es más empático con otros niños que pasan por situaciones difíciles, y ha aprendido que las familias pueden tener diferentes formas pero seguir siendo familias.
La importancia del trabajo en equipo entre padres
Aunque ya no somos pareja, seguimos siendo sus padres. Cuando su papá y yo logramos comunicarnos de manera respetuosa y tomar decisiones conjuntas sobre él, todo funciona mejor. Los niños se dan cuenta cuando sus padres están en el mismo equipo, aunque vivan separados.
Atravesar una separación con hijos no es fácil para nadie, pero he aprendido que es posible hacerlo de manera que, aunque sea doloroso al principio, no los dañe permanentemente. Los niños necesitan tiempo, paciencia, honestidad apropiada para su edad, y sobre todo, la certeza de que siguen siendo amados incondicionalmente por ambos padres. No existe la separación perfecta, pero sí existen maneras más amorosas de vivirla. Si estás pasando por esto, recuerda que buscar ayuda profesional no es señal de fracaso, sino de amor por tu hijo. Cada familia encuentra su propio camino hacia la sanación.
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