Publicado: 12 marzo, 2023
Actualizado: 31 enero, 2026
Cuando descubrí que estaba embarazada de mi primer hijo, mi mente se llenó de mil preguntas. Una de las que más me inquietaba era si podría seguir haciendo ejercicio. Había sido runner durante años y la idea de quedarme sedentaria durante nueve meses me aterrorizaba. Entre los consejos contradictorios de familiares y lo que leía en internet, me sentía perdida. Después de dos embarazos y muchas lecciones aprendidas, quiero compartir contigo mi experiencia con el ejercicio durante el embarazo, desde los miedos iniciales hasta los ejercicios que realmente me ayudaron en cada etapa.
Nota importante: Este artículo comparte mi experiencia personal durante el embarazo, no constituye consejo médico. Cada embarazo es diferente y único. Para cualquier duda sobre ejercicio durante tu embarazo, consulta siempre con tu médico, ginecólogo o profesional de salud de confianza antes de comenzar cualquier rutina.
Puntos clave que aprenderás de mi experiencia:
• Por qué el ejercicio fue mi salvavidas emocional durante ambos embarazos
• Cuáles ejercicios me funcionaron en cada trimestre y cuáles tuve que abandonar
• Mis errores más grandes y cómo evitarlos
• Señales de alarma que aprendí a reconocer
• Cómo adapté mi rutina cuando mi cuerpo cambió
En este artículo
Mi Primer Trimestre: Entre el Miedo y las Náuseas
La Montaña Rusa de Emociones y Ejercicio
Recuerdo perfectamente mi primera cita con la ginecóloga cuando le pregunté sobre hacer ejercicio. Me dijo algo que se quedó grabado: «Tu cuerpo sabe lo que hace, solo escúchalo». Sonaba simple, pero en la práctica fue todo un aprendizaje.
Durante las primeras semanas, mi cuerpo me mandaba señales contradictorias. Algunos días me sentía con energía para caminar, otros apenas podía levantarme del sofá por las náuseas. Aprendí que la flexibilidad era clave. Si había planeado una sesión de yoga y me sentía fatal, simplemente la posponía.
Los Ejercicios Que Me Salvaron en el Primer Trimestre
Caminar se convirtió en mi mejor amigo. No requería equipamiento especial, podía parar cuando quisiera, y me ayudaba enormemente con las náuseas matutinas. Empezaba con 15-20 minutos y si me sentía bien, continuaba.
El yoga prenatal fue un descubrimiento. Al principio pensé que sería «demasiado suave» para alguien acostumbrada a ejercicio intenso. Me equivoqué completamente. No solo trabajaba mi flexibilidad, sino que me enseñó técnicas de respiración que después me sirvieron durante el parto.
La American College of Obstetricians and Gynecologists recomienda al menos 150 minutos de ejercicio moderado por semana durante el embarazo. En mi caso, algunos días llegaba a esa meta, otros no, y aprendí que estaba bien.
Segundo Trimestre: Mi «Luna de Miel» con el Ejercicio
Cuando Recuperé Mi Energía
El segundo trimestre fue como despertar de una neblina. Las náuseas desaparecieron, tenía más energía, y mi pancita aún no era tan grande como para limitarme mucho. Fue mi época dorada para el ejercicio.
Mi Rutina del Segundo Trimestre
La natación se convirtió en mi obsesión. El agua me hacía sentir liviana y podía moverme libremente. Nadaba 2-3 veces por semana, combinando estilos suaves. La sensación de ingravidez era adictiva cuando mi cuerpo empezaba a sentirse más pesado.
Seguí con el yoga, pero más intenso. Me uní a una clase específica para embarazadas donde conocí a otras mujeres en mi situación. Esas conexiones fueron tan valiosas como el ejercicio mismo.
Intenté con pesas ligeras. Mi esposo me ayudó a adaptar mi rutina de fuerza con pesos menores. Me enfocaba en brazos y espalda, evitando ejercicios que requirieran acostarme boca arriba (después de las 20 semanas, como me había indicado mi doctora).
Según MedlinePlus, el ejercicio durante el embarazo puede ayudar a reducir dolores de espalda, estreñimiento, hinchazón y mejorar el estado de ánimo. En mi experiencia, esto fue completamente cierto.
Tercer Trimestre: Adaptándose a un Cuerpo Cambiante
Cuando Todo Se Vuelve Más Lento
El tercer trimestre fue una lección de humildad. Mi cuerpo ya no respondía como antes, me cansaba más rápido, y tuve que reaprender qué significaba «ejercicio» para mí en esa etapa.
Lo Que Funcionó Cuando Ya No Cabía en Ningún Lado
Caminar siguió siendo mi base. Reducí la velocidad considerablemente, pero mantuve la constancia. Caminar me ayudaba con la hinchazón de pies y piernas, algo que se volvió mi realidad diaria.
Ejercicios en el agua fueron mi salvación. Cuando caminar se volvió incómodo, la piscina seguía siendo mi refugio. Hacía aqua aeróbicos suaves y flotaba, que también me ayudaba con el dolor de espalda.
Yoga adaptado y estiramientos. Ya no podía hacer muchas posturas, pero los estiramientos suaves y la meditación me prepararon mentalmente para el parto.
Pelota de ejercicio. Compré una pelota grande que me ayudó con ejercicios suaves para la pelvis y después me sirvió durante el trabajo de parto.
Mis Errores Más Grandes
Comparación con otras embarazadas. Vi videos de mujeres haciendo crossfit hasta el día del parto y me sentí inadecuada. Cada cuerpo es diferente, y mi experiencia era válida.
No escuchar las señales de alarma. Una tarde, haciendo yoga, sentí mareos intensos y seguí forzándome. Debí haber parado inmediatamente. Después aprendí que estos síntomas no se ignoran.
Señales de Alarma Que Aprendí a Reconocer
Durante mis dos embarazos, aprendí que hay síntomas que requieren parar el ejercicio inmediatamente y consultar al médico. La Organización Mundial de la Salud y mi ginecóloga me educaron sobre estos puntos:
Síntomas que me hacían parar inmediatamente:
• Sangrado vaginal
• Mareos o desmayos
• Dolor de pecho
• Dolor de cabeza severo
• Dolor en pantorrillas (posible coágulo)
• Contracciones regulares y dolorosas
• Pérdida de líquido amniótico
Lo que aprendí sobre mi cuerpo:
Hubo días en que mi energía estaba en el suelo sin razón aparente. Otros días me sentía imparable. Aprendí que era normal y que debía respetar estas fluctuaciones.
Ejercicios Que Tuve Que Abandonar (Y Por Qué)
Deportes de Contacto y Alto Riesgo
Tuve que dejar el tenis que jugaba ocasionalmente por el riesgo de caídas y golpes en el abdomen. También abandoné el ciclismo outdoor después del primer trimestre por el mismo motivo.
Ejercicios Boca Arriba
Después de las 20 semanas, seguí la recomendación médica de evitar ejercicios acostada boca arriba por períodos prolongados, ya que puede reducir el flujo sanguíneo al bebé.
Running de Alta Intensidad
Aunque conocía mujeres que corrieron hasta muy avanzado el embarazo, mi cuerpo me pedía que moderara el ritmo. Cambié el running por caminar enérgicamente y fue la decisión correcta para mí.
Mi Experiencia Buscando Apoyo Profesional
Clases Prenatales
Me uní a clases de yoga prenatal y aqua aeróbicos. El ambiente con otras embarazadas fue increíblemente reconfortante. Compartíamos experiencias, miedos, y celebrábamos pequeños logros juntas.
Consulta con Especialistas
Mi ginecóloga me recomendó ver a un fisioterapeuta especializado en embarazo cuando desarrollé dolor pélvico en el segundo embarazo. Fue una de las mejores decisiones. Me enseñó ejercicios específicos que me acompañaron hasta el parto.
Según Mayo Clinic, es importante trabajar con profesionales que entiendan los cambios del cuerpo durante el embarazo. En mi experiencia, esta guía especializada marcó una diferencia enorme.
Beneficios Que Experimenté Personalmente
Físicos
• Mejor energía: Aunque suene contradictorio, los días que hacía ejercicio terminaba menos cansada
• Menos dolor de espalda: Los ejercicios de fortalecimiento del core me ayudaron enormemente
• Mejor sueño: Las noches después de ejercicio descansaba más profundamente
• Control de peso: Subí de peso gradualmente y dentro de los rangos recomendados
Emocionales y Mentales
• Manejo de ansiedad: El ejercicio era mi válvula de escape cuando me abrumaban los cambios
• Sensación de control: En medio de tanto cambio corporal, el ejercicio me hacía sentir que aún tenía cierto control
• Conexión con mi cuerpo: Aprendí a admirar lo que mi cuerpo podía hacer, no solo cómo se veía
• Preparación mental: Me sentí más preparada para el parto al saber que tenía resistencia física
Cuándo Consultar a Tu Médico
La American Pregnancy Association recomienda consulta médica antes de empezar cualquier programa de ejercicios. En mi caso, estas consultas fueron fundamentales:
Antes de empezar cualquier rutina nueva
Si tienes condiciones médicas preexistentes
Si experimentas cualquier síntoma inusual durante o después del ejercicio
Si tienes dudas sobre la intensidad o tipo de ejercicio
Mi ginecóloga me evaluó en cada cita y ajustamos mi rutina según mi progreso y cualquier síntoma nuevo.
Reflexiones Finales: Lo Que Me Hubiera Gustado Saber
Si pudiera volver atrás y hablar con esa mujer embarazada por primera vez, llena de dudas y miedos, le diría que el ejercicio durante el embarazo no es sobre mantener tu rutina anterior, es sobre honrar tu cuerpo en esta nueva etapa.
No hay una fórmula perfecta que funcione para todas. Mi experiencia fue diferente en mis dos embarazos, y probablemente la tuya será única también. Lo importante es escuchar tu cuerpo, mantener comunicación abierta con tu equipo médico, y recordar que cualquier movimiento es mejor que ningún movimiento.
El ejercicio me ayudó a sentirme fuerte, preparada y conectada conmigo misma durante una de las etapas de mayor cambio en mi vida. No siempre fue fácil, hubo días difíciles y rutinas que tuve que abandonar, pero cada paso, cada respiración consciente, cada momento en el agua valió la pena.
Tu cuerpo está haciendo algo increíble. Trátalo con amor, respeto y paciencia. El ejercicio puede ser una herramienta maravillosa en este viaje, siempre que lo hagas de manera segura y consciente.
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