Como corregir errores en la crianza de los hijos

Como corregir errores en la crianza de los hijos

Publicado: 13 marzo, 2016
Actualizado: 30 enero, 2026

Como madre de dos hijos, puedo decirte con total honestidad que la crianza es el trabajo más difícil que he tenido en mi vida. Y también el que más errores me ha costado. Durante estos años, he gritado cuando debería haber hablado, he sido inconsistente con las reglas, y he perdido la paciencia más veces de las que me gustaría admitir. Pero también he aprendido algo fundamental: los errores no nos definen como madres, sino cómo decidimos aprender de ellos.

Si estás leyendo esto porque sientes que has cometido errores en la crianza de tus hijos, déjame decirte que no estás sola. Todas hemos estado ahí, en esas noches donde nos preguntamos si lo estamos haciendo bien. La diferencia está en reconocer que podemos cambiar y mejorar, sin importar la edad que tengan nuestros hijos.

Nota importante: Este artículo comparte experiencias personales de madres y padres, no constituye consejo médico o psicológico profesional. Cada familia y situación es diferente. Para cualquier preocupación sobre el desarrollo emocional o comportamiento de tu hijo, consulta siempre con tu pediatra o un psicólogo infantil especializado.

Los errores que más me pesaron como madre

• Gritar en lugar de comunicar mis emociones
• Ser inconsistente con las reglas y consecuencias
• Comparar a mis hijos con otros niños
• No validar sus emociones cuando estaban molestos
• Usar la culpa como herramienta de disciplina

Reconociendo los errores más comunes (y los que yo cometí)

Los gritos que se convirtieron en hábito

Confieso que durante una época, los gritos se volvieron mi respuesta automática al estrés. Cuando mi hijo mayor tenía 4 años y mi pequeña apenas 1, había días donde parecía que gritaba por todo: por no recoger los juguetes, por hacer berrinches, por no escuchar.

Me di cuenta de que algo estaba mal cuando mi hijo mayor empezó a gritarle a su hermana de la misma forma que yo les gritaba a ellos. Ese momento fue como un espejo que no quería ver, pero necesitaba hacerlo.

La inconsistencia que creaba más caos

Otro de mis grandes errores fue ser inconsistente con las reglas. Un día les permitía algo, y al siguiente los regañaba por lo mismo. Esto no solo confundía a mis hijos, sino que hacía que las rabietas fueran más intensas porque no sabían qué esperar de mí.

Las comparaciones que lastimaban su autoestima

«Mira cómo se porta tu primo», «¿Por qué no puedes ser como tu hermana?». Estas frases salían de mi boca cuando estaba frustrada, pero ahora entiendo el daño que pueden causar. Según los especialistas de Healthy Children de la Academia Americana de Pediatría, las comparaciones constantes pueden afectar la autoestima y crear rivalidades entre hermanos.

El impacto que vi en mis hijos

Los errores en la crianza no desaparecen sin dejar huella. En mi experiencia, pude notar cómo estos patrones afectaban a mis hijos:

Los gritos constantes hicieron que mi hijo mayor se volviera más ansioso y temeroso de cometer errores. También comenzó a gritar él mismo cuando se frustraba.

La inconsistencia resultó en más berrinches y comportamientos desafiantes, porque mis hijos no sabían qué esperar de mí en cada situación.

Las comparaciones crearon inseguridad en mi hija menor, quien constantemente me preguntaba si la quería menos que a su hermano.

La Organización Mundial de la Salud enfatiza que los patrones negativos de crianza pueden afectar el desarrollo emocional de los niños, aunque también destaca la capacidad de recuperación que tienen cuando se implementan cambios positivos.

Cómo empecé a reconocer mis errores

La autoevaluación que me dolió pero me ayudó

El primer paso fue ser brutalmente honesta conmigo misma. Comencé a llevar un pequeño diario donde anotaba:
– En qué momentos perdía la paciencia
– Qué factores externos me estresaban más (falta de sueño, trabajo, etc.)
– Cómo reaccionaban mis hijos a mis diferentes comportamientos
– Qué patrones se repetían día tras día

Pidiendo retroalimentación honesta

También hablé con mi esposo y, sorprendentemente, con mi hijo mayor (que ya tenía 6 años). Le pregunté cómo se sentía cuando le gritaba y su respuesta me partió el corazón: «Mamá, cuando gritas me da miedo y pienso que no me quieres».

Observando a otras familias

Sin juzgar, comencé a observar cómo otras madres manejaban situaciones similares. No para compararme, sino para aprender diferentes enfoques que podrían funcionar en nuestra familia.

Reparando la relación con mis hijos

Las disculpas que transformaron nuestra dinámica

Lo más difícil para mí fue pedirles disculpas a mis hijos. Había crecido en una familia donde los padres nunca se disculpaban, pero entendí que era necesario.

«Hijo, mamá se equivocó al gritarte. Estaba frustrada, pero no es tu culpa y no está bien que te hable así. Te pido perdón».

Al principio fue incómodo, pero mis hijos comenzaron a confiar más en mí y también aprendieron a disculparse cuando se equivocaban.

Creando nuevos rituales de conexión

Implementamos «tiempo especial» de 15 minutos con cada hijo antes de dormir. Sin teléfono, sin distracciones, solo conversación y conexión. Este tiempo se volvió sagrado para nosotros.

Validando sus emociones

Aprendí a cambiar frases como «No tienes por qué estar enojado» por «Veo que estás muy enojado, ¿quieres contarme qué pasó?». Los especialistas de MedlinePlus explican la importancia de validar las emociones infantiles para un desarrollo emocional saludable.

Implementando crianza positiva en casa

Técnicas que realmente funcionaron

La técnica del tiempo fuera positivo: En lugar de castigos, implementamos momentos de calma donde tanto el niño como yo podíamos regularnos emocionalmente.

Consecuencias naturales: Si no recogía los juguetes, se guardaban por un día. Si no se preparaba a tiempo, perdía tiempo de juego. Sin gritos, solo consecuencias lógicas.

Refuerzo positivo específico: Cambié «Eres muy bueno» por «Me encanta cómo compartiste tus juguetes con tu hermana. Eso fue muy generoso».

La importancia de la consistencia

Crear reglas claras y mantenerlas se volvió mi mantra. Hicimos una lista visual de las reglas de la casa (con dibujos para mi hija menor) y las colocamos en un lugar visible.

Estableciendo límites sin autoritarismo

Los límites que protegen, no que castigan

Aprendí que los límites no son para controlar a mis hijos, sino para darles seguridad. Cambié mi enfoque de «Porque yo lo digo» a «Esta regla existe para mantenerte seguro/ayudar a nuestra familia».

La firmeza amorosa

Descubrí que podía ser firme con las reglas sin ser dura con mis hijos. «Te amo, y por eso no puedo permitir que lastimes a tu hermana» se volvió mi frase favorita.

Desarrollando comunicación efectiva

Escucha activa que cambió todo

Aprender a escuchar realmente a mis hijos, sin interrumpir o juzgar, transformó nuestra relación. Cuando mi hijo me dice algo importante para él, dejo lo que estoy haciendo y le doy toda mi atención.

Comunicación emocional

Enseñé a mis hijos (y me enseñé a mí misma) a identificar y nombrar emociones. «Estoy sintiendo frustración porque el día fue muy largo» o «Veo que sientes decepción porque no pudimos ir al parque».

Resolución colaborativa de problemas

En lugar de imponer soluciones, empezamos a resolverlas juntos. «Tenemos un problema: siempre peleamos a la hora del baño. ¿Qué ideas tienes para que sea más divertido?»

Manejando la culpa materna

La culpa que me paralizaba

Durante mucho tiempo, la culpa por mis errores pasados me impedía avanzar. Me quedaba despierta pensando en todas las formas en que había fallado como madre. La Asociación Americana de Psicología tiene recursos sobre cómo la culpa excesiva puede afectar nuestra capacidad de ser mejores padres.

Transformando la culpa en acción

Aprendí a usar la culpa como motor de cambio, no como castigo. Cuando me sentía culpable, me preguntaba: «¿Qué puedo hacer diferente mañana?» en lugar de «¿Por qué soy tan mala madre?».

La autocompasión que necesitaba

Comencé a hablarme a mí misma como le hablaría a una amiga querida. Con compasión, entendimiento y esperanza de mejora.

Cuándo buscar ayuda profesional

Las señales que no debemos ignorar

Si notas que tus hijos muestran signos de ansiedad extrema, regresión en el desarrollo, comportamientos agresivos persistentes, o si tú misma sientes que no puedes controlar tu ira, es momento de buscar ayuda profesional.

En nuestro caso, después de seis meses de implementar cambios, decidimos consultar con un psicólogo infantil para asegurarnos de que estábamos en el camino correcto. Fue una de las mejores decisiones que tomamos.

Recursos profesionales disponibles

Los terapeutas familiares, psicólogos infantiles y consejeros de crianza pueden ofrecer herramientas específicas para tu situación familiar. No es signo de fracaso, es signo de responsabilidad.

Creando un plan de acción personal

Los cambios graduales que funcionan

Semana 1-2: Identificar el error más frecuente y trabajar solo en ese
Semana 3-4: Implementar una nueva técnica de comunicación
Mes 2: Establecer rutinas y límites claros
Mes 3: Evaluar el progreso y ajustar lo necesario

El seguimiento que mantiene el progreso

Continúo escribiendo en mi diario de crianza, no todos los días, pero sí cuando siento que estoy regresando a viejos patrones. Esto me ayuda a mantenerme consciente de mi progreso.

Lo que me hubiera gustado saber antes

Si pudiera volver atrás, me diría que los errores en la crianza no definen el tipo de madre que eres. Me diría que mis hijos no necesitan una madre perfecta, necesitan una madre que esté dispuesta a crecer y mejorar junto con ellos.

También me recordaría que el cambio toma tiempo. No esperes resultados inmediatos. Los niños necesitan ver consistencia en nuestros nuevos comportamientos antes de confiar completamente en ellos.

Finalmente, me aseguraría de entender que nunca es demasiado tarde para cambiar. Sin importar la edad de tus hijos o cuántos errores sientas que has cometido, siempre hay oportunidad de mejorar la relación.

Reflexión final: El camino continúa

Hoy, dos años después de comenzar este proceso de cambio, puedo decir que nuestra familia es más unida, más comunicativa y definitivamente más feliz. ¿Sigo cometiendo errores? Por supuesto. Pero ahora tengo herramientas para reconocerlos rápidamente y corregir el rumbo.

Mis hijos han aprendido que los errores son oportunidades de crecimiento, no motivos de vergüenza. Y yo he aprendido que ser una buena madre no significa ser perfecta, significa estar dispuesta a evolucionar constantemente por amor a ellos.

Si estás en este camino de reconocer y corregir errores en tu crianza, recuerda que cada pequeño cambio cuenta. Tus hijos no necesitan que seas perfecta desde mañana; necesitan que seas auténtica, amorosa y comprometida con ser mejor cada día.

El amor de nuestros hijos es más resiliente de lo que creemos, y su capacidad de perdonar y adaptarse es extraordinaria. Date el permiso de ser humana, de equivocarte y de aprender. Es el regalo más valioso que puedes darles: el ejemplo de que siempre se puede crecer y mejorar.

Acerca Grupo Editor

Somos un colectivo de padres y madres que compartimos temas de maternidad, concepción, embarazo, parto, lactancia y crianza de niños en general.

Te recomendamos

Como ayudar a un hijo que miente

Publicado: 13 octubre, 2023 Actualizado: 30 enero, 2026 Recuerdo la primera vez que mi hijo …